Vamos a ubicarnos en el año 2000. Cuando inicia el siglo XXI pero también se da la primera alternancia en el Poder Ejecutivo sin el menor asomo de violencia. Recordemos las insostenibles visiones, rumores absurdos y abiertas intrigas en contra del Estado Mayor Presidencial y sobre las Fuerzas Armadas en general. Lo cierto es si con algunas instituciones conto el entonces presidente Vicente Fox para gobernar, fue gracias al indeclinable apoyo del Ejército Mexicano, Fuerza Aérea Mexicana y Armada de México. Lo mismo y mucho más acentuado ocurriría desde el primero hasta último día, contó con la lealtad institucional y vocación de servicio de los militares bajo su mando.
Sin el menor asomo de duda, de nueva cuenta el personal de las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina Armada de México se sumaron al esfuerzo iniciado por el casi ex presidente Enrique Peña Nieto. A la fecha, no hay una sola encuesta o sondeo de opinión en donde las Fuerzas Armadas no ocupen los primeros lugares de simpatía y confianza en todo el país. Ahora que acabamos de vivir la tercera alternancia en tan solo 18 años, de nueva cuenta surgen los infundados puntos de vista sobre las acciones del Instituto Armado.
Ante la novedad de contar con un gobierno electo, ubicado en la geometría ideológica como de izquierda, vale la pena recordar la innegable pertenencia e identidad popular que tienen los soldados y marinos. Basta con acudir a un desfile, ceremonia o a cualquier instalación militar para constatarlo. De allí que la serie de pronunciamientos que se han dado luego de la declaración de validez de las elecciones presidenciales, adquieran otra dimensión e influencia sobre la opinión pública y los tomadores de decisiones en el país.
Queda claro, que se comenzó con una serie de ideas un tanto dispersas o carentes de información, respecto de lo que enfrenta el país en materia de inseguridad pública, pero también en cuanto a la lealtad por ejemplo, de una organización clave para el resguardo de la Seguridad Nacional, como es el Estado Mayor Presidencial. En resumen: modificar la naturaleza de las Fuerzas Armadas. Afecta el funcionamiento del Estado en su conjunto.