“Hace años la afluencia de los visitantes era importante, lo que redundaba en las ventas, pero con el terremoto se afectó la situación, y ahorita la zona está abandonada, pues las autoridades no le ponen interés”, afirma comerciante

Christian González/Ultimátum
TGZ
En la actualidad, la falta de presupuesto tanto federal como del estado generó que en los últimos años la zona arqueológica de la Heroica Ciudad de Chiapa de Corzo esté en el olvido. De hecho, la situación empeoró luego del terremoto de septiembre de 2017, debido a que se dañaron algunas infraestructuras antiguas.
Para conocedores de la materia e incluso para los mismos habitantes, sobre todo quienes se dedican al comercio, las ruinas de esta región (que en su momento formaron cerca de 5 mil familias) tienen la misma importancia que las de Palenque, sin embargo coinciden en que “no hay interés ni de las autoridades, ni de la sociedad y, por ende, los recursos no bajan”.
En un recorrido por la avenida Hidalgo, la cual conduce hacia las ruinas, se observa cómo el acceso al público está cerrado desde hace como un año, y en otra parte, donde se forma un callejón, los vestigios prácticamente están cubiertos de monte, como lo que pasa con el que está frente a la empresa “Nestlé”.
De hecho, algunos entrevistados como Alejandro Pérez Pérez y Alfredo Jiménez lamentan que el proyecto se quedara “a medias”, pues sus viviendas fueron pintadas hace como cuatro años de dos tonos: blanco y rojo óxido, para “vestir” el camino que conduce hacia una parte de las ruinas.
Lo más triste, dicen, es que los turistas llegan para recorrer el lugar y no pueden entrar al mismo porque aún está cerrado, lo que les “impacta” de alguna manera en sus ingresos.
Entrevistada por aparte, Edma Pérez Hernández, comerciante originaria de Chiapa de Corzo, afirma que hace años la afluencia de los visitantes era importante, lo que redundaba en sus ventas, “pero con el terremoto se afectó la situación, y ahorita la zona está abandonada, pues las autoridades no le ponen interés a las cosas”.

POBLACIÓN “SE COMIÓ” LA HISTORIA

De acuerdo con Eduardo Alberto Vargas Domínguez, reconocido cronista local, la antigua metrópoli chiapacorceña, la cual prácticamente está asentada sobre la mayor parte de los 3 kilómetros cuadrados que comprenden la misma, ha sido motivo de estudios importantes, “tanto así que acá se halló en una piedra labrada la fecha más antigua de Mesoamérica, es decir se habla del año 36 antes de nuestra era; la piedra está en la bodega del Museo Regional de Tuxtla”.
De hecho, abarca la parte del libramiento que cruza la población, es decir desde una radiodifusora XECHZ, en cuyo interior hay algunos vestigios, hasta cerca de la zona conocida como de acopio de maíz, y llega al núcleo central: el barrio de San Pedro, a la altura del río de La Flor, el asiento principal de todos los edificios arqueológicos.
Para él, tanto ha sido el desinterés de la población y de los mismos gobernantes municipales, que hace años uno de los alcaldes de Chiapa ordenó derrumbar la parte de un “montículo de piedra” de suma importancia, con el argumento de que entorpecía el tránsito de una calle.
Incluso recuerda cómo empresas como la “Nestlé” también adquirieron espacios y afectaron vestigios, o lo mismo sucedió con una gasolinera cercana. “Pero entendemos que es complicado reubicar a las familias, hacer los trabajos arqueológicos, porque se necesitaría de mucho dinero y tiempo”.
Al respecto, también adjudica el desinterés de la misma población, “cuyo nivel cultural no es tan elevado, y por eso lo pasan por encima, y se le da más importancia al Cañón del Sumidero y lo demás que tenemos aquí, pero si comparamos, la zona arqueológica (trabajadas en los años 50’s) tiene mucho qué dar”.
Para el investigador Mario Nandayapa, a veces no hay avances porque existen normatividades, y para ello también se requieren recursos, “esto le compete al INAH, pero también al Ayuntamiento, y sabemos que mucha parte de esa zona está destruida por el mismo descuido, y siento que ha faltado un proceso de comunicación pero no solo con ese binomio, sino también con la población”.
Con base en su visión, no pueden compararse las zonas arqueológicas de Chiapa y Palenque, debido a que ambas tienen cuestiones “muy primigenias, peculiares; y la de aquí te puedo hablar que es un complejo, no solo unos cuantos montículos”.

UN POCO DE CONTROVERSIA

Mientras que para él la cultura asentada en esta zona fue una afiliación de la olmeca, mas no de la zoque y mucho menos de los chiapanecas, “y de esta última ya no hablo porque es una palabra compuesta del gentilicio náhuatl, pues yo hablo de los chiapa”, para Alberto Domínguez sí hubo una injerencia de todas, incluida la maya.
“Aunque los restos de los chiapanecas son estructuras menores, no por eso deja de ser importante”, refiere el cronista. Cuando se habla de “soctón nandalumí”, afirma por su parte Nandayapa, se comete un error porque mucha gente lo maneja como sinónimo, “pero el primero significa ‘Piedra revuelta’, mientras que lo segundo se refiere a un río, pero también a una región de Chiapa donde está enclavada la zona arqueológica”.
Además, detalla que esta ciudad tiene una antigüedad de casi 3 mil 200 años, donde han pervivido dos culturas, una de ellas la de afiliación olmeca en su primera etapa, “y dejo en claro que no tenemos nada qué ver con los zoques”.
Rememora que los trabajos en esa área comenzaron en los años 50’s, “viene una fundación mormona de la Universidad de Utah, llamada ‘Nuevo Mundo’, la cual publica varios libros y hace un rescate importante de 100 mil piezas, libros, y todos permanecen en inglés”. Incluso, refiere, hace dos décadas se planeó crear el Museo de Sitio, “pero no se concretó”.

ALGUNAS ALTERNATIVAS

Según Nandayapa, será necesario formar patronatos formales, pues advierte que solo conoce uno, el que encabeza el que protege el árbol conocido como La Pochota, “hay que retomar ese ejemplo, y que la misma sociedad civil vigile y se le exija a las instancias correspondientes, como el INAH, que responda”.
Esta tarea, dice, también le compete a la Escuela de Arqueología de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, para que busque esa articulación entre las autoridades y la ciudadanía, “porque están desvinculadas, y así no se puede avanzar”.
Sin embargo, ambos entrevistados están seguros de que todo es una corresponsabilidad, porque la misma sociedad contribuye al deterioro de la zona arqueológica, o que se mantenga en el olvido. “La misma población hace construcciones de manera furtiva, de manera oculta, e incluso es la misma que vende los terrenos de esa zona arqueológica”, advierte Nandayapa, quien insiste en ese proceso de concientización.