Un Gobierno que tiene planes de trabajo, recogerá buenos frutos. Pero sobre todo un gobierno con planes de trabajo, será un Gobierno capaz de influir en la transformación favorable de vida de poco más de 5.2 millones de chiapanecos. Lo contrario, la improvisación, sin una sola hoja de ruta, el destino de un gobierno se anticipa en fracaso y frustración, y de eso, ya hemos probado mucho los chiapanecos. Tras tener firme el enfoque de Gobierno, será crucial no cometer los errores del pasado, sin grillas ni golpes bajos, simplemente que resulta obvio que muchas cosas del ayer no han funcionado y sería un error histórico volverlos a realizar.
La gente no es tonta, todo el pueblo de Chiapas sabe a la perfección los nombres y apellidos de aquellos que no aportaron nada de nada a la transformación de sus habitantes y por el contrario, hundieron más y más a muchos sectores sociales y productivos de la entidad, acciones que fueron “castigadas” en la urnas el uno de julio. Nadie debe vivir del pasado, pero sólo sirve para acordarse y no cometer los mismos errores, no pasar por el mismo sendero, ni escoger a la misma gente.
La identidad es el conjunto de los rasgos propios de un individuo que lo definen, y es esa identidad la que se encarga de forjar y dirigir a una comunidad (un Estado) definiendo así sus necesidades, acciones, gustos, prioridades o rasgos que los identifica y los distingue. Un buen gobierno tiene identidad propia cuando tiene rumbo, destino y buen final. Un gran barco o una modesta embarcación, nunca llegará a su puerto sino tienen una hoja de navegación que le indique por dónde está el sur o el norte, a fin de evitar las rocas, arrecifes o el extravío en alta mar. El nuevo gobierno local que dirigirá los destinos de los chiapanecos, ha generado una serie de expectativas relativas al sistema de gobierno que le asegure las máximas ventajas sociales como resultado de su acción, que se debieran de traducir en un bienestar social y contar como elemento constitutivo una igualdad en su distribución social y justicia.
Existe una obligación sustancial que se debe poner en marcha para cumplir con el discurso de cerrar o acortar “la brecha de la pobreza” que nos separa el sur con el centro y el norte del país, es decir, maximizar el bienestar social y no seguir usando el poder público para la obtención de un “botín”. Con su identidad propia, con su sello personal, acompañado de principios éticos, morales y legales, aunado a la defensa de sus banderas libertarias de su Presidente de la República, (Andrés Manuel López Obrador), deberá responder a esa necesidad de beneficiar a la sociedad, donde el gobierno como agente de poder, podrá coadyuvar en la realización y construcción de un verdadero sistema donde la toma de decisiones se realice por funcionarios de su gabinete consientes y que se identifican con una causa justa de distribución equitativa de la riqueza.
La improvisación en Chiapas ha costado la perdida de cientos de generaciones que nunca han visto la luz del desarrollo. Se requiere un nuevo avivamiento, un nuevo liderazgo, no centrado en los discursos, la propaganda o la mala publicidad hiper personal, al punto de la vanagloria o la adulación improductiva, sino de acciones concretas que vayan directo al bolsillo de los pueblos.
La improvisación a la hora de gobernar se nota y el respetable público reacciona con un insulto agresivo. La historia de Chiapas ya no puede seguir marcada por las derrotas, sino por los triunfos de desarrollo, desde los más simple hasta los más complejo, pero con planes específicos que den resultado a corto y mediano plazo.