Es el último representante de una serie de virtuosos artistas de la pelota que hicieron enamorar a millones de aficionados en todo el mundo a lo largo de su estelar carrera profesional

Amado Ríos Valdez/Ultimátum
TGZ
Cuando a un futbolero nos dicen la palabra Ronaldinho, la única reacción posible es la de la alegría. Ronaldinho Gaúcho representó durante toda su trayectoria la alegría del juego, la certeza de que el futbol es, antes que nada, un juego, y siendo un juego, el objetivo es divertirse. Ronaldinho al divertirse nos divertía. El representó la fiesta y el arte y fue amado y reverenciado por sus contrincantes y hasta por los fanáticos de los equipos contrarios, que veían en él no al contrario al que hay que vencer sino al único que en la cancha nos devolvía la belleza que los estrategas y los publicistas le niegan al futbol moderno.

BIOGRAFÍA BREVE DE UN GENIO

Ronaldo de Assis Moreira (Porto Alegre, Brasil, 21 de marzo de 1980), mejor conocido como Ronaldinho, es mundialmente reconocido como uno de los talentos más grandes en la historia de dicho deporte.Debutó como futbolista profesional en el club gremio de Porto Alegre, pero desarrolló gran parte de su carrera futbolista en Europa, donde jugó en el París Saint-Germain, Barcelona y Milan. Se dio a conocer principalmente en el club español, equipo en el que permaneció durante cinco temporadas y recibió el reconocimiento mundial por parte de la prensa, jugadores y varios organismos deportivos.
La FIFA le destacó como el mejor jugador del mundo después de recibir el premio al Jugador Mundial de la FIFA (FIFA World Player) dos veces consecutivas en 2004 y 2005. También se le reconoció con el premio “Rey de Europa” tres veces consecutivas (2004, 2005 y 2006) mientras jugaba para el FC Barcelona, así como también en 2013 se le declaró “Rey de América” jugando para el Atlético Mineiro. La prestigiosa revista francesa France Football le concedió el Balón de Oro en 2005, premio que le acreditaba como el mejor de Europa, mientras que la revista británica World Soccer le otorgó el premio World Soccer al mejor jugador del mundo en 2004 y 2005. La misma revista le declaró mejor futbolista del mundo de la primera década del siglo XXI (2000-2010).
Ronaldinho está incluido en la lista FIFA 100, que incluye a los 100 mejores jugadores de todos los tiempos.
Por último el 6 de febrero de 2013 completó 100 partidos con la Selección de fútbol de Brasil, con la que ganó las tres principales competiciones a nivel de selecciones: la Copa Mundial de Fútbol de 2002, la Copa América 1999 y la Copa Confederaciones 2005. Ese mismo año, Ronaldinho se convirtió en el sexto futbolista de la historia en ganar la UEFA Champions League y la Copa Libertadores, tras alcanzar este último, con el Atlético Mineiro.
En 16 de enero de 2018 Ronaldinho anunció su retiro del fútbol profesional de manera oficial a sus 37 años, con lo cual finaliza una dinastía del máximo expositor del llamado Jogo Bonito. No obstante se retira como el único jugador en la historia capaz de obtener Copa del Mundo, UEFA Champions League, Copa Libertadores y Balón de Oro.

SU LEGADO, MUERTO EL REY, VIVA EL REY

Ronaldinho Gaúcho es el último representante de una serie de virtuosos artistas de la pelota que hicieron enamorar a millones de aficionados en todo el mundo a lo largo de su estelar carrera profesional. Ronaldinho ha sido el emblema de la creatividad, lo imprevisible, la alegría, el baile y la magia hecha jugador: su fama se impuso a ritmo de pases de taco desmarcantes, dribling fulminantes y sombreros irreverentes. Siempre, al anotar un gol, se lucía en un baile contagioso a ritmo de samba, enseñando sus pronunciados dientes incisivos al estilo Bugs Bunny. Ronaldinho ha sido de los pocos futbolistas en transmitir alegría pateando una pelota porque, como resume aquel viejo axioma de Eduardo Galeano, “se juega como se vive” y Dinho se la pasó muy bien en su vida profesional.
Las estrellas fugaces entran a gran velocidad en la atmósfera de la Tierra y pintan una estela luminosa en la oscuridad del cielo. Pueden brillar poco. O muchísimo. Normalmente, solo unos segundos. Lo que dura un control orientado. O la estirada del portero. Al contacto con la atmósfera, se queman. Desaparecen para siempre. Y, de ellas, solo queda el recuerdo en la constelación de la memoria de quien las vio.
Ronaldinho Gaucho pasó por el futbol como una estrella fugaz, dejando destellos de su luminosidad. Regates imposibles: amagos, bicicletas, caños. Goles de gran plasticidad: trallazos desde fuera del área, chilenas dentro de la chica, rabonas sobre la línea de cal. Dibujó pases que solo él veía. Inventó la espaldinha. Se lució con colas de vaca, regaló tacozanos, se adornó con pases de espuela. Lanzó faltas con la precisión de los elegidos: envenenadas de una rosca endiablada. Metió goles con vaselina, puso sombreros, batió con picaditas a enormes porteros.
Ronaldinho Gaúcho fue Rey por unos años del futbol mundial. Y como legado de su reinado, se retiró del trono dejando el cetro a otro iluminado y prodigio del balompié: Lionel Messi. Fue un pase de Ronaldinho con el que Messi anotó su primer gol como futbolista profesional. Pero como el mundo del futbol no entendía el simbolismo de esa jugada, tuvo que repetirse una vez más. El primer gol de Messi fue gracias a un pase de Ronaldinho que se la entregó botando fuera del área grande, el portero del equipo contrario salió intempestivamente y Messi con naturalidad y frialdad la elevó por encima del portero y remató con la portería abierta. Golazo, festejo y desengaño, todo en menos de 3 segundos. El árbitro había anulado el gol por fuera de lugar. Minutos después la misma jugada, pase de Ronaldinho a Messi, botando fuera del área, Messi la eleva por encima del portero, conduce uno o dos pasos para asegurar y mete el gol a portería desguarnecida. Gol. Primer gol de Messi. Esta segunda vez no fue invalidado. Ronaldinho tuvo que repetir la jugada para hacernos entender que ese era su heredero, que dejaba el reinado a un chico prodigio que haría los honores, y con creces, del legado del mago de Porto Alegre.

RONALDINHO EN VIVO

Nunca tuve oportunidad de verlo jugar en un estadio en Europa, con el Barcelona o con el Milán, tampoco en Brasil con el Atlético Mineiro. Pero una sola vez tuve el privilegio de verlo jugar en persona. Fue en un ocasión, mientras yo trabajaba en Chiapas hace algunos años, cuando asistí con unos amigos a ver el partido Jaguares de Chiapas contra el Querétaro. Ronaldinho jugó para el Querétaro en la temporada 2014-2015, una contratación tan sorpresiva como maravillosa. Los aficionados al futbol en México agradecimos ese esfuerzo del club queretano.
El partido entre Jaguares contra Querétaro se disputó un sábado por la noche. Los jugadores de ambos equipos salieron a sus ejercicios de calentamiento. Todos los jugadores de Querétaro fueron abucheados, les mentaban a su progenitora, los insultaban, a todos les mostraban su animadversión, menos a uno. Ronaldinho era aplaudido con júbilo cada vez que, queriendo o por casualidad tocaba el balón. Ronaldinho era festejado por la afición de Jaguares como uno de los suyos, cuando corría, cuando brincaba los conos, cuando regresaba de taquito un balón al portero mientras éste calentaba en su portería, mientras jugaba a tocar el travesaño en tiros de práctica, le festejaban, le festejábamos todo. Durante el partido ocurrió el mismo fenómeno. La gente se volcaba en elogios, gritos de aprobación, silbidos de algarabía cuando Ronaldinho tocaba un balón, insinuaba una magia, hacía un regate, remataba a gol, hacia un pase clásico de él mirando al lado contrario de donde dirigía el balón. Para esas épocas Dinho tenía 34 años, estaba con un ligero sobrepeso y corría poco, pero aún con eso cada vez que tocaba el balón hacía ver como infantes a los jugadores de ambos equipos, tanto los que querían detenerlo, como los que se suponía que eran sus compañeros.
El partido fue infame según recuerdo, al final ganó Jaguares por 2 a 1 con goles de Emiliano Armenteros y Horacio Cervantes, por el Querétaro anotó Camilo Canvezzo. No recuerdo nada relevante del partido, solo que vi en persona a Ronaldinho y comprobé su calidad, su carisma y su jogo bonito. Comprobé también que Ronaldinho no jugaba para el Querétaro, sino para el futbol. No jugaba para un club en particular, aunque vistiera sus colores. Dinho jugaba a divertirse y a divertir al público, por ello logró siempre los aplausos y los vítores aun en campos tan hostiles como el Santiago Bernabéu con los jugadores del Barcelona.

DOS GOLES IGUALES A EQUIPOS DIFERENTES

En el Mundial de Corea – Japón 2002, Brasil disputó un juego contra Inglaterra en la fase de cuartos de final. Inglaterra se puso adelante con gol de Michel Owen y casi al finalizar el primer tiempo Brasil empató con gol de Rivaldo. El juego era muy ríspido y la disputa anunciaba tiempos extras. Hubo una falta por el costado derecho. Ronaldinho acomodó el balón y disparó un tiro imposible. Desde el costado derecho lanzó el balón por encima de todos, incluido el portero inglés Seaman y alojó el balón en la horquilla izquierda. Un gol increíble. Dinho se lo pidió a su amada y ella accedió con gusto. La prensa dijo que en realidad Ronaldinho había intentado enviar un centro, el insistió en que tiró a gol. Muy pocos le creímos.
Años después, disputando la Copa Liberadores, Ronaldinho jugaba para el Atlético Mineiro (con el que sería campeón de Brasil y campeón de la Libertadores), en un partido contra el Figueirense de la Copa Libertadores, hubo una falta por el costado izquierdo, a la altura del área grande pero muy cerca de la banda. Ronaldinho tomó la pelota, la acarició, algo le dijo también. La pelota salió de sus pies y se alojó en la horquilla izquierda de la portería contraria. Era el mismo gol que anotó en el Mundial en el 2002, el que nadie le creyó, pero esta vez por la banda contraria. Lo repitió para hacernos entender que la pelotita y él eran inseparables. Solo que esta vez Ronaldinho lloró de tristeza porque había perdido a su padre por segunda vez. La primera ocurrió cuando era niño, su padre biológico falleció y se hizo cargo de él su hermano mayor. La segunda ocurrió horas antes de ese maravilloso gol. Ronaldinho vió como su amada se alojaba en el ángulo, mostró sus grandes dientes, miró al cielo y lloró. Su padre adoptivo había fallecido la tarde de ese día.
Hay jugadores de futbol que parece que se pelean con la pelota, que tienen un conflicto con ella, les es hostil. Con Ronaldinho era lo contrario, la pelota lo amaba, se dejaba querer y acariciar. Ella era feliz con Ronaldinho y él era feliz con ella. Al final, al verlo en el estadio de Jaguares, comprendí que lo de él con la pelota era amor. No la golpeaba, sino que le pedía con cariño: “ve allá querida, alójate en esa parte de la portería”, “ven conmigo, déjame acariciarte”. Y ella no se podía negar a esa contagiable sonrisa.