“Ni una coma…”

Javier Solórzano Zinser/La Razón/Ultimátum

Más que una mirada analítica sobre la Reforma Educativa, la expresión de que no quedará “ni una coma…” de ella parece buscar darle gusto a quienes se oponen a la misma.
El tono termina por ser de envalentonamiento, irreflexivo y hasta soberbio; hay que acabar con la reforma a como dé lugar. Poco o nada importa lo que contiene, y menos el hecho que detrás de ella esté una convocatoria nacional, la cual incluyó el concurso de cientos de personas, entre quienes estuvieron padres de familia, estudiantes, especialistas, ONG y, sobre todo, maestros.
Están en vías de hacer exactamente lo mismo que criticaron. “Ni una coma…” es una expresión que no hay de otra que interpretarla como que lo que se hizo a lo largo de años no sirve absolutamente de nada. Quiere decir, bajo esta premisa, que se perdió el tiempo y el dinero que se le invirtió, materialmente todo no sirve de nada.
Quiere decir también, que detrás del “ni una coma…” debiera estar un largo y profundo análisis que los llevó a la conclusión de que la reforma debe desaparecer. Quiere decir además que revisaron todo, paso a paso, cada uno de sus contenidos, y no sólo lo que tiene que ver con las muy controvertidas evaluaciones a los maestros.
Este tema, sin duda, merece una revisión pausada y detallada para su transformación. Las evaluaciones quedaron en el terreno de lo punitivo, aunque se hayan aderezado con argumentos como el de la mejora en la educación.
Los maestros se ven envueltos en un proceso de riesgo gratuito. Quien no aprueba los exámenes, aunque sea hasta la tercera oportunidad, pierde la plaza.
Pareciera no haberse considerado un hecho definitivo y fundamental: los maestros son parte medular del sistema educativo y, sobre todo, son producto de él. Evaluar a un maestro no es sólo examinar a un persona, es evaluar todo un sistema educativo, del cual los profesores son su producto y su cara más acabada.
Si bien es tema central por una buena cantidad de motivos, la Reforma Educativa no es sólo un proceso de evaluación; es, por mucho, algo más. Los legisladores de Morena están actuando con base en el poder que han adquirido, como era de preverse, y están echando toda la maquinaría y el “mayoriteo” para cambiar, quizá con un espíritu de venganza, cosas que funcionan.
Han optado por ello, en el caso de la Reforma Educativa, en derogarla más que apuntalarla, pasando por alto un principio clave en cualquier proceso educativo: el del análisis, la investigación, el desarrollo de la crítica, la reflexión y, con base en todo ello, establecer propuestas de acción.
Se interpreta que si algo quieren es deshacerse de la reforma y, en el camino, no sólo eso: quieren destrozarla. ¿Tiene sentido tratar de hacer todo esto para tomar abierta distancia con un sexenio justificadamente cuestionado? No quieren tener que ver con el pasado siendo, paradójicamente, que muchos de quienes integran Morena son parte de ese pasado, el remoto y el inmediato.
Es claro que también están tratando de demostrar a quienes les prometieron que iban a derogar la reforma que cumplen su palabra, sin llevar a efecto la más mínima reflexión integral sobre el todo de ella.
En las cámaras se están empezando a hacer cosas importantes que pueden ser trascendentes. El tema de la austeridad ha permeado en otras áreas del país, esto es una buena noticia. Se está haciendo algo que se debió hacer desde hace muchos años.
Sin embargo, pensar que la vida del país empieza a partir del próximo sexenio, el cual parece que ya empezó, no tiene sentido. Hay muchas cosas que funcionan y se han venido haciendo bien.
¿Realmente no sirve de nada la Reforma Educativa para no dejarle “ni una coma…”? Decidan con base en el análisis, no pagando cuotas y la rentabilidad política.

RESQUICIOS

López Obrador y Alfredo Harp se han dado con todo durante varios años. Esta semana se reunieron bajo un buen pretexto: el béisbol. Parafraseando a saben quién: “bendito béisbol”.