La “exclusiva”

Javier Solórzano Zinser/La Razón/Ultimátum

Suponemos que Margarita Zavala llevaba varios días pensando qué hacer. Ella mejor que nadie, con base en la experiencia política en su propio entorno, sabía que su campaña iba a la baja, lo que incluía que El Bronco ya la había rebasado.
El asunto ha de tener vericuetos y jugadas políticas que todavía no conocemos. Quizá pronto aparezcan pistas sobre el futuro inmediato de Margarita.
En medio de la vendimia política no sería nada sorpresivo verlo en algunas semanas, o antes, de la mano de Anaya o Meade, quienes ya se ofrecieron para ello. El pragmatismo, o insistimos algo que en algunos días conoceremos, hizo acto de presencia.
Una decisión como la de ayer de seguro no es de ocurrencia. Margarita optó, como hacen muchos políticos, en ir a Televisa, a la que a menudo tanto critican, y confesarse y darle la “exclusiva”.
No queda claro por qué lo hizo. Fue al lugar en donde quiso creer que lo que diga podría tener una gran cobertura, a lo que se suma la decisión de dar a conocer su renuncia antes que a ningún otro medio.
No puede argumentar que no sabía en dónde estaba dando su “exclusiva”. Le dio a la empresa y a sus conductores la información, dicho de otra manera, fue primero por los rumbos de avenida Chapultepec y en la tarde fue al INE, para ahora sí hacerlo oficial.
Le otorgó a Televisa de nuevo una exclusiva, sin importar lo que otros medios habían hecho a lo largo de su campaña, los cuales la siguieron con detalle y fidelidad periodística. Lo obvio y respetuoso debió haber sido que antes que a nadie a quien se le debía informar y explicar era a sus muchas y muchos seguidores que creyeron en ella.
Al final todos los que estaban con Margarita la habían seguido, y sobre todo creían en ella. La mayoría se enteró de su decisión a través de un programa grabado en el Canal de las Estrellas, vía las redes de sus conductores.
La renuncia de Margarita a la candidatura independiente a la Presidencia estaba cantada, es una historia que bien se podría decir que tiene una alta dosis de previsible. No hubo un sólo momento en su campaña ni en el propio debate que pudiera lograr despuntar o algo parecido.
Si bien tiene elementos claros a su favor, nunca logró dar la vuelta a la esquina. Resintió en muy poco tiempo la ausencia de la maquinaria de partido, la cual ella y su marido en su tiempo manejaron a su antojo.
Recordemos uno de los pasajes de esos días cuando Germán Martínez, compadre y hoy singularmente morenista, fue designado, bajo la abierta influencia de Felipe Calderón como presidente del PAN. El primer acto de quien súbitamente es ya un morenista consumado fue ir a Los Pinos. Ahí le “entregó” el partido a quien era el inquilino de la casa presidencial.
Para Margarita fue una decisión difícil, pero se debe reconocer, previsible. Debía saber que su futuro era incierto y precario, no bastaba con su buena imagen de “primera dama”.
Se requería de mucho más que eso. El desenlace refleja lo que fue su intento y su campaña.

RESQUICIOS

Así nos lo dijo ayer Irene Levy, del Comité de Participación Ciudadana SNA, Observatel: Me preocupa el futuro inmediato del Sistema Nacional Anticorrupción, (SNA). No ha alcanzado a aterrizar, empezando por los nombramientos.
Es preocupante que existan tentaciones de desaparecer el SNA, es absurdo simplemente pensarlo. Se ha planteado entre algunos candidatos la idea de cancelarlo o congelarlo. El argumento de que es poco útil o muy caro pierde de vista que es un sistema en formación.
Un problema que se viene es que el primer fiscal será nombrado por el Senado y durará en el cargo hasta diciembre de 2018. A estas alturas no tiene sentido nombrarlo por el poco tiempo que estará en el cargo.
Si el nuevo presidente, con mayoría en el Congreso, no quiere el SNA, el sistema ya valió. Sin el SNA nos perdemos de un gran trabajo de la sociedad, profundo y lleno de convicción, en contra de la corrupción, no es sólo una ocurrencia.