Las decisiones de Los Pinos

Javier Solórzano Zinser/La Razón/Ultimátum

El Presidente no se pudo liberar de la sacudida de la casa blanca y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. A partir de ahí se quedó la impresión de que la Presidencia optó por cerrarse como mecanismo de defensa.
En lugar de abrirse ante casos que ya marcan el sexenio y la vida misma del Presidente, optó por enconcharse. En lugar de salir y entender que sus explicaciones no satisfacían a la sociedad, se fue cerrando.
La cuestión es saber si el Presidente y su equipo se dieron cuenta de ello. La cuestión también es saber si en el círculo cercano, íntimo, del Presidente estas reacciones se propagaron e incluso alentaron.
Lo cierto es que desde hace al menos tres años una cosa es el primer mandatario en las giras entre la gente, con audiencias un cuanto tanto a modo, y otra cuando tiene que enfrentar temas que le pueden ser incómodos a su gobierno.
Bajo estas consideraciones es pertinente preguntarse quién asesora al Ejecutivo federal y con qué criterios lo hace. Quiénes le informan día con día. Qué le cuentan y qué le dejan de informar con tal de evitar supuestas incomodidades o molestias.
El asunto está en cuál es la dinámica y sobre qué bases el Presidente va tomando decisiones y emitiendo opiniones y, sobre todo, qué tan bien informado está su círculo cercano, sus asesores, y qué tan sensible es a la cotidianeidad del país.
Se podrá argumentar que lo que pasa en Los Pinos se queda en Los Pinos; sin embargo, no puede ser del todo así porque lo que pasa en Los Pinos afecta a todo un país. Lo que se haga, cómo se haga, cómo se toman las decisiones y con qué bases se tomen son cosa pública.
Al final el gran asunto es qué tan bien informado está el Presidente, qué dirección tienen los sistemas de información para que el Presidente conozca lo que pasa y no lo que su equipo de manera discrecional le puede reportar.
¿Cómo se decidió la estrategia para abordar los muy delicados y sensibles casos de la casa blanca y Ayotzinapa? ¿Qué tanto se tenía información de primera mano y cómo decidieron abordar estos asuntos siendo que al final, no casualmente ni maniqueamente, todo terminó por ser visto, en lo general, como fallido? ¿Hubo algún tipo de evaluación y autocrítica a partir de esto respecto al paulatino deterioro de la imagen del Presidente?
Estos días de nuevo se presentaron signos que muestran a un Presidente en medio de situaciones en que no pareciera que se vea el todo ni se midan las consecuencias.
Las conversaciones con Trump han sido desafortunadas. En la última, Peña Nieto le pidió a su homólogo que reconozca que México no va a pagar el muro. No consideró, o su equipo no lo alertó, sobre un tema que para Trump es fundamental y que su respuesta bien podría ser la que fue, “¿estás loco?”.
Por el mismo rumbo va la cada vez más riesgosa aventura que se ha echado a cuestas, difícilmente sin el aval del Presidente, la PGR contra Ricardo Anaya.
No alcanzan a ver lo que se puede venir si no logran su objetivo, de no ser que todo esté calculado, lo cual está para dudarse.
¿Les dará para entender que están a nada de perder las elecciones?
¿Cómo toman las decisiones en Los Pinos?

RESQUICIOS.

Así nos lo dijo ayer James Petras, sociólogo de EU.
Debemos tomar en cuenta que el muro es un cuchillo con dos filos. El muro que se debe hacer es contra los banqueros y los armamentistas. Los banqueros lo que hacen es lavar el dinero de los narcotraficantes, y los vendedores de armas lo que hacen es distribuirlas por EU y México.
La construcción de un gran muro hace ver la relación entre los dos países bajo una visión estrecha. Trump es un egocentrista que lo que quiere es intimidar y someter a los mexicanos; sus gobernantes deben estar a la altura porque las presiones no van a parar.
Es importante identificar cuál es la consciencia de Donald Trump sobre México. Cree que los mexicanos son una bola de sombrerudos que tienen la vista baja. Trump está con mucha boca y poco sentido.