El tigre

Javier Solórzano Zinser/La Razón/Ultimátum

López Obrador provoca distancia y polémica no necesariamente por lo que dice sino por cómo lo dice.
El “si hay fraude en las elecciones de julio me voy… pero a ver quién amarra el tigre”, tiene una lógica a atender, pero en lugar de llamar la atención y a la toma de conciencia de lo que podría pasar, terminó siendo interpretado como amenaza, aunque lo haya negado al día siguiente.
Para muchos de los suyos fue como una especie de alerta. Habrá quien también lo haya interpretado como un escenario posible, hay antecedentes por doquier, ante el cual hay que prepararse.
El problema es que lo que dijo provocó temor y se leyó como una amenaza. Sus palabras incluso se leyeron como lo que podría pasar en caso de una eventual derrota, fuere como fuere, lo cual cabe con todo y los 10 o 15 puntos de ventaja; las encuestas de hoy no son necesariamente el resultado de mañana.
Sin embargo, lo que dijo López Obrador tiene un lado que deber ser revisado y muy atendido. ¿Qué pasaría con los millones de seguidores de López Obrador si pierde por la “mala”; cuál sería su reacción siendo que de por si hay un ánimo de confrontación?
Si ya la posibilidad de una derrota por algo que podríamos llamar “por las buenas” va a generar todo tipo de dudas, ahora imaginemos que sea por la “mala”, recordemos Edomex.
En el 2006, a pesar de todas las críticas que se llevo López Obrador por el paro al que convocó en todo el país, y sobre todo en avenidas como Juárez y Reforma en la CDMX, su decisión resultó lo mejor que se podía hacer en su momento.
Que no se olvide que la gente estaba realmente enojada y se quería manifestar a como diera lugar. Muchos enfurecieron aún más cuando los tribunales reconocieron que no tenían dientes para investigar legalmente la elección.
Al final los campamentos fueron la opción para que la gente, simpatizantes de López Obrador y de quienes defendían una elección justa, se hicieran ver, valer y escuchar en medio de una crisis que se preveía de grandes dimensiones.
Los escenarios ahora tienen más salidas y opciones legales, pero también hoy son más complejos y de mayores enfrentamientos y riesgos. Hay más leyes que pueden abordar cualquier tipo de irregularidades, pero al mismo tiempo tenemos como sociedad menos salidas por los canales de entendimiento y diálogo.
El ambiente esta enrarecido. En esta etapa final del sexenio si alguien no tiene crédito ante la sociedad es quien podría ser quien convocara al entendimiento en medio de una situación límite, nos referimos evidentemente al gobierno.
Tiene razón López Obrador cuando se refiere a “quién va a amarrar al tigre”. Si las cosas se salen de control y se va al rancho, lo que venga será inédito, de altos riesgos y no se va a parecer a lo vivido en el 2006. Morena es ya un partido nacional e influyente. No sólo va pelear por la presidencia, puede ganar gubernaturas, ayuntamientos y va mano en la capital.
López Obrador es un factor central en la vida del país y lo va a ser aún más en la elección de julio. Lo sabe y muchas veces declara en función de ello, lo del tigre no es por ningún motivo una casualidad.
Con su declaración el tabasqueño le recordó a quienes son parte de la legión del tigre lo que pueden hacer, y ya puso en alerta a quienes un día le quieren creer y otros no.
Hay que cuidar y atender al tigre.

RESQUICIOS

NOAM CHOMSKY. EL PAÍS.
Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Thatcher y Reagan, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración de la riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población en general…. el resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo.
La desilusión ha llevado a que la gente no crea en los hechos. Si no confías en nadie, por qué confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, porque he de creer en alguien.
Trump ha liberado deliberadamente olas de racismo, xenofobia y sexismo latentes, pero no legitimadas.