Couterpart: nada se vive de la misma forma

Galileo Becerril/Ultimátum

Apenas comienzo a ver la serie “Couterpart” (2017), producida por el canal de televisión Starz, que narra la historia de un hombre, Howard Silk –interpretado por el actor J-K-Simons, ganador del Oscar por “Mejor Actor de Reparto” por la película “Whiplash” (2015)–, que todos los días se levanta en Berlín, por el que la Guerra Fría pasó con la calamidad de la tensión, camina al parque en donde uno de sus amigos lo espera con el tablero de “GO” listo para la partida diaria antes de ir al trabajo. El trabajo de Howard es monótono, todos los días, llega el vestidor, se cambia de ropa, se pone un traje color café, pasa por una serie de procedimientos de inspección hasta llegar al momento en el que le entregan un maletín con el que deberá entrar en un cuarto que tiene la fachada de ser un cuarto de interrogatorio, pero que no lo es, es solo un cuarto con un vidrio que lo separa de otro cuarto exactamente igual. Al entrar Howard al cuarto se logra observar que lo mismo sucede en la otra habitación, un hombre bien vestido, de corbata y suéter, con un maletín igual al de Howard, entra se sienta frente al espejo, de tal manera que los dos quedan de frente. Acto seguido abren los maletines, sacan unos sobres de los que extraen unas hojas y en las que comienzan a leer y a escribir por turnos intermitentes pero con la lógica de quien sostiene un dialogo pero sin entender nada.
Al terminar esa lectura de las frases inconexas, ambos se levantan y cada uno sale por su puerta. Ésta escena que por demás no nos dice nada, y mucho menos a Howard, y es que, hay una escena en la que Howard tiene una entrevista con unos de sus jefes y en la que le solicita ser ascendido a un puesto de mayor importancia, ahí confiesa que no entiende lo que se hace en ése edificio, que su monótono accionar, o sea, el entrar a un cuarto y sostener un diálogo en el que se dicen frases que no significan nada, no tiene sentido para él. Howard sale como entró, sin ascenso y sin entender lo que en ése departamento hacen.
Al salir Howard de su trabajo, hace lo que todos los días hace, se dirige al hospital, de paso compra unas flores, entra y se enfila hacia el cuarto en el que le aguarda su mujer, que desde hace un par de meses cayó en coma luego de ser atropellada por un auto.
Todo cambia cuando al día siguiente, el jefe que le negó el ascenso, le pide que acuda a una reunión. Howard acude puntual y lo dirigen, a una habitación en la que, esta sí, es de interrogación. Su jefe intenta explicar que es muy raro que sucedan cosas como éstas, que debe estar tranquilo para lo que en breves momentos ocurrirá –antes hay que decir que Howard es un hombre de unos cincuenta y algo, pero aparenta más, enjuto, introvertido, inseguro, con los hombros caídos y la espalda gacha–. Luego de esperar unos minutos, Howard ve entrar a dos personas, una de ellas trae las manos esposadas y la cara cubierta con una bolsa negra, como si se tratara de un criminal al que tendrán que interrogar. Lo sientan frente a Howard y le descubren el rostro… es Howard, es él mismo físicamente, pero con atuendo diferente, pantalones negros y una chamarra del mismo color. Su forma de dirigirse a los otros es también diferente, habla claro, sin tapujos ni vacilaciones, es inquisitivo, seguro de sí mismo y de lo que quiere, su caminar es erguido, hombros hacia atrás y espalda recta, muy diferente a Howard.
¿Qué pasa? Se pregunta uno inmediatamente al ver a los dos Howard cara a cara; las dudas se disipan unos minutos después, cuando el jefe le explica que en los tiempos de la guerra fría, un suceso inexplicable generó un mundo paralelo, y el edificio en el que se encuentran es la puerta que une a ambos mundos. Mundos paralelos en los que habitan las mismas personas, las mismas caras, el mismo tono de voz.
La serie trata de plasmar que la única diferencia es que en algún momento, de el recorrido histórico compartido de Howard, entre él y su otro yo, algo fue diferente; –un encuentro, un ademán, un regaño, un consejo, un choque, la muerte de alguien, algo que vimos, algo que nos dijeron, algo que esperamos, algo que soñamos, algo que perdimos, alguna frase no dicha, un abrazo no dado–; algo en la vida de ellos se significó de diferente forma para cada uno he hizo que sus vidas, la de Howard y su otro yo, en ese momento, se vivieran de forma diferente; construyéndose la personalidad de cada uno.
Esto me hizo pensar en la connotación de trauma, que es un acontecimientos cuyo efecto estará determinado por el significado que le depositemos, además de la impresión que deje en nuestro psiquismo, en el sentido de que cualquier eventualidad, exterior al cuerpo o interior a éste, podría ser traumática, solo es delimitada, como dice Manuel Fernández Blanco “El trauma es lo real como inasimilable. Es una excitación sin palabras, sin saber. Es un hecho sin dicho. El trauma supone siempre una contingencia, un encuentro imprevisto y azaroso. La excitación propia del trauma puede provenir “de fuera” o “de dentro” pero, para que sea trauma, tiene que ser un acontecimiento con una implicación subjetiva.  Algo que concierne al sujeto. Una mezcla de real y subjetividad. Sin esa implicación (aunque no sea evidente) no hay trauma […]”*. Aunado a esto podemos decir que: “el trauma no es en sí por el evento, sino por su significación”, de tal suerte que dos personas podemos vivir el mismo evento pero para cada uno significa de forma diferente. Ejemplifiquemos: pensemos que un perro muerde a dos personas en el mismo momento, claro que primero uno y luego a otro, la significación de ésa mordedura puede significar para uno, nada, solo fue una mordedura y nada más. Éste sujeto puede llegar a casa y acercarse a su perro, acariciarlo y jugar con él; mientras que para la otra persona, la mordida del perro significó un temor horrible a los perros generando en éste la imposibilidad de acercarse a su perro y sentir un miedo que paraliza su todo su ser.
Algo así paso con los dos Howard, el mismo evento fue significado de forma diferente, y golpeó en el psiquismo de los dos, significando de forma desigual el mismo evento, dando como resultado que cada uno construyera de forma heterogénea su propio actuar y ser diferente, lo que hizo que cada uno fuera por caminos disímiles.
Lo anterior implicó que cada uno sea único e irrepetible y que aunque haya mundos paralelos, iguales a éste, cada uno será diferente al otro, diferente e irrepetible, lo que rompe la ilusión de igualdad y nos hace reconocernos en nuestra diferencia.

*http://www.nel-mexico.org/articulos/seccion/varite/edicion/El-trauma-en-el-psicoanalisis/717/Que-es-un-trauma-
galileobecerril@gmail.com