El futuro gobierno sigue padeciendo de ansiedad. Quiere gobernar sin tener el poder formal para hacerlo. Como le decíamos hace unos días, el riesgo es el desgaste gratuito.
Está padeciendo situaciones evitables. Actúa como si la plaza fuera suya; y todavía no lo es. Una cosa es que quien la va a entregar esté vencido y otra, muy distinta, es que ya sea suya.
El ejercicio del poder ofrece ventajas, pero también expone y desgasta. El nuevo gobierno está expuesto, sin tener el poder real. Estamos, por el desarrollo de la gobernabilidad por venir, que López Obrador deje de ser el tótem supremo.
En cuanto se eche a andar el gobierno, va a perder buena parte del control. Para un país como el nuestro, tan grande y con un buen número de dependencias descentralizadas, no le va a ser posible tener el control total, ni tampoco hacer todo lo que quiera. Habrá limitaciones, muchas de las cuales ya las ha de estar viendo, y eso que todavía no está en la silla.
Las ansias se han extendido a su equipo. El lance de Conacyt, a pesar de las aclaraciones, no deja de ser otro pasaje más que el querer actuar y decidir cuando todavía faltan días para hacerlo. Se suma la importancia que tienen las formas para hacer las cosas, y con mayor razón cuando están a la espera de su turno.
Con la construcción del aeropuerto puede empezar a suceder algo parecido. La reunión que tuvieron el miércoles algunos integrantes del futuro gobierno con habitantes de la zona de Texcoco evidenció que están en contra de este proyecto. No se sabe si su posición se debió a que querían quedar bien con las comunidades en la reunión, la cual más bien parecía un mitin.
Cabe también que, efectivamente, estén en contra de Texcoco, ante lo cual están en su legítimo derecho. Sin embargo, bajo la posición que guardan como parte del futuro gobierno, el cual propaga que se debe analizar objetivamente toda la información que le permita al “pueblo” tomar la mejor decisión, flaco favor le andan haciendo a la consulta o encuesta.
Como le decíamos ayer, las versiones sobre lo que ha venido pasando en las conversaciones y presuntos acuerdos entre el Grupo Aeroportuario y los habitantes de las comunidades de la zona donde se está construyendo el aeropuerto, no pueden ser más contradictorias y diferentes.
Se van a tener que hacer muchas cosas antes del 28 de octubre, día de la consulta, para que tenga legitimidad. No se sabe ni qué se va preguntar, a casi 15 días de ella. No vaya a pasar lo que el todopoderoso Alfonso Romo dice en voz baja: no creo que la gente vaya a salir a votar.
Tienen que, por lo pronto, bajarle a sus ansias e impulsos. El caso de Margo Glantz en el FCE, junto con la propuesta de López Obrador a Paco Ignacio Taibo, para que fuera el director del Fondo, aparentemente en lugar de Margo, hace público lo privado.
No parece ser lo mejor proponerle a alguien, se trate de quien se trae, ser director de una instancia de peso e historia cultural y social como el FCE, casi que en plena calle.
Es muy probable que el nuevo gobierno se esté dando cuenta del tamaño del problema que tiene enfrente. Va la obviedad: no es lo mismo verlo de fuera, que desde adentro; y eso que seguramente no ha visto ni la mitad de lo que les espera.
Entender que no se puede hacer todo en seis años y que todo lo que se ha hecho no necesariamente está mal, es un buen principio. Hay que empezar a seleccionar batallas. En las campañas se promete una y otra vez, se juega con ello y se apela a la esperanza.
Gobernar es otra cosa: es la terca realidad. Todos sabemos que no van a poder hacer todo lo que genuinamente quieren. Va a ser difícil que en el corto y mediano plazos no entren en un proceso de desgaste y reclamos.
No se adelanten. Lo que viene seguramente los va a abrumar, se andan viendo improvisados; dejen que llegue ese momento.