Dice el senador Zoé Robledo que la confrontación que existe entre Roberto Albores Gleason y Eduardo Ramírez Aguilar, ambos aspirantes a la candidatura aliancista a la gubernatura el estado, no es más que un pleito de cantina, agregaríamos que también es un pleito de rijosos casados con sus ambiciones políticas que nada aportan ni a la civilidad ni a la democracia. Tras todo esto hay una historia sórdida protagonizada principalmente por Ramírez Aguilar, presidente en el estado del Partido Verde Ecologista, el cual ha utilizado como ariete para abrirle paso a sus aspiraciones atropellando todo, hasta la estabilidad y la paz social en el estado. Desde un principio el dirigente verde se erigió como poder omnímodo en el estado y decidió apoderarse del control de los presidentes municipales para manejarlos como marionetas cuando se requiriera, lo mismo hizo con los diputados locales. El gobernador lo dejó hacer y este se salió del huacal. En el 2015 ocurrieron las primeras elecciones del primer tercio del gobierno de Velasco Coello y para esto Ramírez Aguilar ya estaba preparado para echar toda la carne al asador en contra del PRI y el resto de los partidos políticos. Estaba muy fresco el apoteósico triunfo de Velasco Coello que lo llevó a la gubernatura y por lo tanto el partido Verde era la referencia más consistente para obtener el voto en esas elecciones. Ramírez Aguilar logró el triunfo de la mayoría de los candidatos a presidentes municipales y diputados locales, no por él ni por sus habilidades políticas, sino por el arrastre que indiscutiblemente mantenía Velasco Coello con los electores. A los alcaldes y diputados electos, los consideró rehenes de sus futuras maniobras. Pero en la penitencia se lleva el castigo y ahora Ramírez Aguilar paga por ello. Agravió a los pueblos indígenas imponiendo como candidatos del Verde a gente impopular con talante de caciques o a quienes ausentes del pueblo retornaron a la escena y se convirtieron en alcaldes para que más tarde pagaran las consecuencias. Chenalhó y Oxchuc son los casos más emblemáticos que desataron la ingobernabilidad que se mantiene porque ahora no hay autoridad capaz de imponer el orden. En San Juan Chamula, en pleno día, en la plaza principal, el alcalde Domingo López Gonzáles y cinco munícipes más, fueron asesinados en una bávara vendetta de saldo de cuentas. En Chenalhó los indígenas llevaron por la fuerza a Ramírez Aguilar y a otro diputado, los ataron y los obligaron a bailar en la plaza, ataviados con ropas femeninas. Así, vejados de esta manera, le estaban cobrando el haber impuesto a un alcalde en contra de la voluntad del pueblo. El Tribunal Federal Electoral de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ordenó Ramírez Aguilar, en cuanto presidente del Congreso estatal, restituir en su cargo a la alcaldesa María Gloria Sánchez, defenestrada por una multitud opuesta a la imposición fabricada por Ramírez Aguilar quien, hasta la fecha, no cumple con ese mandato federal por lo que se hace acreedor a graves sanciones. Se le achacan al dirigente del Verde otros actos que indudablemente caen en la esfera de la corrupción como las triquiñuelas que, con lujo de poder e impunidad, realiza el subconsejero Jurídico Oscar Muñoz, para cuya sede de iniquidades escogió al Registro Público de la Propiedad. Se acaba de descubrir que el director el Colegio de Bachilleres, Enrique Hernández Bielma, ha desviado dineros para costear esas movilizaciones por la dignidad que encabeza Ramírez Aguilar en su afán de ser el candidato de la coalición PRI-Verde Panal- aspiraciones que cada día son más remotas. Los rijosos continúan con el pleito demostrando Albores Guillén ser más prudente que Ramírez Aguilar, pues aquel se atiene a lo que con anterioridad ha sido firmado mientras que este, supone que con la presión va a lograr sus propósitos nada éticos.