Hay un nuevo género de periodismo, el periodismo sicario y correspondió al columnista Ricardo Alemán el discutible honor de crearlo, no es honor, es descalabro moral que expone al periodista a todos los desprecios, a todas las diatribas, como negro de feria del que todo mundo disfruta lanzándole mil objetos.
El señor Alemán ha sido un columnista muy destacado que ha escrito en los principales diarios nacionales; Excélsior, El Universal, Milenio y otros, ha perdido lectores cuando se ensaña con alguna persona y no cesa de atacarla con tal fiereza que degenera en odio y aquel periodista que escribe con odio termina conquistando múltiples desprecios. Termina ahogado en sus propios complejos.
Cuando inició el proceso electoral, corifeos de candidatos y de partidos políticos hablaron con los columnistas para que mantuvieran una campaña de ataques, un día sí y otro también, en contra de Andrés Manuel López Obrador a cambio de persistentes gratificaciones. La mayor parte de columnistas rechazaron la oferta, otros los menos si aceptaron, entre ellos Alemán que de por sí traía encono gratuito con Andrés Manuel desde la campaña del 2006.
Esta vez sus ataques fueron sistemáticos, hirientes, que reflejaban no solo a la pluma mercenaria sino también al odio que fluía de lo más recóndito de su alma y cuando advirtió que le respondía la impotencia, la indiferencia de la gente que no podía contemporizar con tamaña sabandija, pensó en algo más vil, provocar el daño físico a López Obrador a través de los mismos fans del candidato.
En un Twitter les recordó que un fans mató a John Lenon, un fans mató a Selena, un fans mató a Gianni Versace, para luego preguntar ¿Y ustedes que esperan?
Estaba incitando a matar amparado en su condición de periodista. Se creyó muy listo pensando que esto le daría dividendos insospechados. Lo echaron de sus fuentes de trabajo por el peligro que a estas alturas ya representaba. Lo cesó Televisa, lo cesó el Canal 11 y también el diario Milenio.
El periodismo lo llegó a ejercer Alemán como bandera de inicuas luchas. En donde se paró o se sentó crecieron hongos venenosos. Era un torrente de insultos los que lanzaba contra López Obrador y contra cualquiera de sus leales servidores. Para atacar se casó con la mentira la que difundía preñada de odio y de malos hábitos.
Sucede que hay gente que le cae mal a un periodista pero este no lo va a atacar por ese hecho, para hacerlo se requiere de una conformación pedestre del alma.
Este género del periodismo sicario ni lo podemos alentar ni lo podemos permitir, debe quedar al servicio exclusivo de su creador, el sabrá lo que hace con él y también con las consecuencias que le pueden resultar.