A dos días de iniciar el Mundial Rusia 2018, existen sentimientos encontrados en la afición de más de 32 países que estarán presentes en la máxima fiesta del balompié

Amado Ríos Valdez/Ultimátum
TGZ
Este jueves 14 de junio de 2018 empieza por fin el Mundial de Fútbol Rusia 2018. A través de De la Patada en Diario Ultimátum, hemos hecho un recuento de las selecciones que participarán en la gran fiesta del fútbol mundial. 32 equipos representativos del futbol de sus respectivos países participan con la esperanza de hacer un buen papel, unos con más expectativas que otros; mientras que unos solo aspiran a ganar la Copa y no ganarla es un fracaso, otros participan con la mira puesta en clasificar a la segunda ronda.
Decía el filósofo y entrenador de fútbol César Luis Menotti (Campeón del mundo con Argentina en 1978) que al Mundial van 32 selecciones y solo hay un ganador, pero los demás podrán regresar con la frente en alto si lograron sus expectativas reales, si jugaron un buen fútbol, si dieron su máximo esfuerzo en la cancha. Decía que en un Mundial de fútbol no importa tanto cómo llegas, sino cómo te vas. Te puedes ir con el deber cumplido o con la tristeza de no haber hecho el mejor esfuerzo.

LOS JUGADORES DEL MUNDIAL

Los protagonistas únicos de esta gran fiesta son los jugadores. A ellos debemos las alegrías, tristezas y emociones de este juego. Llegan a este Mundial con una gran carga de juegos, minutos y trabajo en sus piernas. Las exigencias de la globalización y mercantilización de este deporte les imponen ritmos inhumanos: entrenamientos diarios, 2 juegos oficiales a la semana, pretemporadas, juegos de exhibición, giras, partidos amistosos, incluso compromisos publicitarios, entrevistas, por si fuera poco, además les exigen una vida puritana (véase el último escándalo creado en torno a los seleccionados mexicanos), les piden ser guapos, cultos, buenos ciudadanos, tener lindas familias, hablar fluidamente y bien, en fin, ser el álter ego de lo que cada ciudadano del mundo quiere ser. Una locura.
A los futbolistas de hoy se les exige demasiado, se les paga bien (bueno solo a los de la élite), pero a cambio le pedimos ser perfectos, todo lo perfecto que no somos ni como individuos ni como sociedad. Les pedimos que cumplan con nuestros sueños e ilusiones, que nos hagan una nación ganadora, de primer mundo, feliz, perfecta y bella.
Yo solo les pido a los jugadores que van a jugar el Mundial que sean felices, que se diviertan, que gocen de una fiesta en la que ellos son los protagonistas. Van a una fiesta a la que quisiéramos ir cada persona que en este mundo ama el fútbol. Cada aficionado quisiera estar ahí, también por supuesto, cada futbolista. Ellos se han ganado ese privilegio.
En el mundo se calcula que juegan al fútbol casi 500 millones de personas y hay casi 5 mil millones de aficionados, pero solo 736 jugadores tendrán el privilegio de vivir la fiesta y solo 23 serán campeones. Así que los restantes 713 jugadores deberían pensar en que no es un fracaso su participación si dieron su mejor esfuerzo, su mejor aplicación táctica, su mejor desempeño físico y técnico.
Los equipos favoritos para ganar la Copa del Mundo son Alemania, Brasil, España y Francia. Los que estarán entre los mejores 8, serán, además de los anteriores, Bélgica, Uruguay, Argentina, Inglaterra y tal vez Senegal. Entre los mejores 16 se van a colocar también México, Polonia, Colombia, Portugal, Dinamarca, Croacia, Serbia, Rusia. Los demás equipos es muy probable que no pasen de la fase de grupos.
Estarán inscritos en el Mundial 736 jugadores (23 de cada uno de los 32 equipos), pero tal vez no jueguen todos. Los que tengan el privilegio de pisar la cancha y tocar el balón en un partido del Mundial ya tendrán algo que contar a sus nietos y muchos tendrán suficiente con ello.
Pero de todos ellos solo algunos tendrán sobre sus hombros la exigencia de ser figuras, héroes, leyendas vivas. A ellos no se les perdonará fallar, equivocarse, lesionarse, cansarse. Esos pocos se llaman Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar, Kyilian Mbappé, Mohamed Salah, Luis Suárez, Toni Kroos, Robert Lewandowski, Kevin de Bruyne. Estos jugadores tendrán la responsabilidad de guiar a sus equipos a alcanzar las gestas histórico-deportivas que los convertirán en leyendas o en equipos sin mayor trascendencia. Los admiro y los compadezco.

LOS AFICIONADOS DEL FÚTBOL

Los millones de aficionados en todo el mundo esperamos 4 años para volver a vivir la fiesta de un Mundial. Cada cuatro años el mundo voltea a ver al país sede y los futbolistas que participan son el centro de atención. En algunas ocasiones el fútbol ha servido para pacificar y ha frenado guerras (en el Congo por ejemplo), y en otras ha servido para maquillar la cara de dictaduras militares (Argentina 78 por ejemplo), pero siempre ha sido un motivo de celebración para el pueblo. El Fútbol es el deporte popular por excelencia.
El fútbol es un escaparate y un espejo, es una fiesta y un suplicio, los aficionados depositamos en los jugadores y en nuestros equipos nuestra fe ciega, más fervorosa y apasionada que a todos los santos del santoral y todos los dioses de los cielos y los suelos. El Mundial de Fútbol es la ocasión perfecta para manifestar nuestras esperanzas. Si bien se sabe que es un pecado mortal cambiar de equipo y se considera algo imperdonable, puede ocurrir. Sin embargo deben ser muy escasos los que puedan cambiar de afición por su selección. Yo por ejemplo no tengo confianza ni fe en la selección mexicana, pero me encantaría que ganara y fuera campeona del mundo. En nuestros países latinoamericanos, tan sufridos y ávidos de alegrías, el Mundial de Fútbol nos brinda una posibilidad y un pedacito de felicidad, esa que la dura realidad nos niega.
Cito a Eduardo Galeano (libro “Cerrado por fútbol”): “Pocas cosas ocurren, en América Latina, que no tengan alguna relación, directa o indirecta, con el fútbol. El fútbol ocupa un lugar importante en la realidad, a veces el más importante de los lugares, aunque lo ignoren los ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente. Para los intelectuales de derecha, el fútbol suele no ser más que la prueba de que el pueblo piensa con los pies; y para los intelectuales de izquierda, el fútbol suele no ser más que el culpable de que el pueblo no piense. Pero a la realidad de carne y hueso, este desprecio ni le va ni le viene. Cuando arraigan y encarnan en la gente, las emociones colectivas se hacen fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas. Nos guste o no, para bien o para mal, en estos tiempos de tanta duda y desesperanza, los colores del club son, hoy por hoy, para muchos latinoamericanos, la única certeza digna de fe absoluta y la fuente del más alto júbilo o la tristeza más honda”.
El fútbol también ayuda a atemperar el análisis de la realidad económica de nuestros países. De los 10 países que más aficionados asistirán a los partidos de Rusia 2018, América latina tiene a 5: Colombia, Brasil, México, Argentina y Perú. Enviaremos más que Inglaterra, Alemania o China.

MANIFIESTO POR EL FÚTBOL DE TODOS

Como una respuesta al incremento abusivo de la mercantilización del fútbol y la explotación abusiva de los jugadores, el periodista y sociólogo inglés David Goldblatt escribió hace algunos años un “Manifiesto por el fútbol de todos”, que rápidamente se hizo popular y se exportó como un reclamo mundial de los aficionados de fútbol a los directivos, dueños y comerciantes del deporte. Creo que el Mundial de fútbol de Rusia 2018, es una ocasión propicia para rescatar lo expresado por Goldblatt en defensa del fútbol y de los aficionados a este bello deporte:
“Dada la ausencia de gobiernos locales fuertes, los clubes de fútbol se han convertido en los portadores más importantes de las identidades urbanas y los estadios despiertan el sentido de pertenencia en mayor medida que los ayuntamientos o centros comerciales. Estos delinean un mapa de nuestra nación que es más representativo que cualquier otra práctica cultural o tipo de industrias.
El fútbol evoca un sentido de éxtasis colectivo que quizás sólo pueda encontrarse en iglesias y festivales musicales. En todas sus formas, este juego se ha convertido en una serie de complejos rituales colectivos y conversaciones públicas. En un mundo netamente individualista, el fútbol es el lugar al que vamos juntos. En un mundo profundamente dividido, es el lugar en el que socialmente nos mezclamos. En un mundo sumamente atomizado, es el lugar en el que todo gira alrededor de nosotros, no sólo a mi alrededor.
El fútbol es parte de nuestra cultura compartida, un fantástico legado de más de 100 años de juego, un repositorio de poderosas identidades y gestos de solidaridad. No es utópico. Alguien debe pagar por el espectáculo, pero la corriente tradicional de la cultura británica insiste en que el dinero no lo es todo; que demasiada inequidad es moralmente perjudicial y que una dosis de regulación e intervención son necesarias para asegurar el bien común. Incluso, a través del movimiento organizado de fanáticos, en su mejor expresión, el fútbol ha demostrado que existen alternativas reales a la corrupción, criminalidad e incompetencia de muchos propietarios privados.
Por encima de todo, el fútbol no es un negocio. Incluso en los términos más convencionales el modelo fracasa, y desde la perspectiva de la industria, éste pierde dinero y nada en deuda a pesar del crecimiento exponencial de los ingresos. El fútbol es una cultura popular que se gesta de manera colectiva y por ende su modelo de propiedad y regulación debe reflejar esta condición.
Al final, por supuesto, se puede aseverar que los estadios son más seguros y el fútbol tiene un nivel competitivo superlativo; pero en el fondo sabemos que algo no está del todo bien. Nos dicen que el negocio y la industria saben lo que hacen, pero los hombres que tienen la propiedad sobre el fútbol generan pérdidas y priorizan sus intereses particulares. Las hinchadas cada vez son más numerosas, pero también se están envejeciendo; la atmósfera y el ambiente en los estadios se está quedando corto cada vez más. La cultura del fútbol ha llevado a cabo un proceso de apertura a minorías y mujeres, pero la masculinidad reinante en los escritorios se mantiene con margen de maniobra muy estrecho. Los hinchas del fútbol están más organizados que nunca, pero el modelo de gobernanza de este deporte se siente cada vez menos democrático.
Continuamente nos dicen que no hay alternativa alguna. Que todas las industrias que fueron vendidas y privatizadas no pueden retornar a nosotros. Nosotros no estamos de acuerdo. El fútbol, como el resto del país, puede ser reclamado y transformado.”
¡Que empiece la fiesta del Mundial!