Pudo Chiapas haber marchado por una senda clara, limpia, sin abrojos ni obstáculos que lo hicieran tropezar en la selección de los candidatos de los diferentes partidos políticos al Gobierno del Estado. De pronto esa senda de claridad presentida se tornó sombría, azarosa, con marchas y escándalos de protesta ¿Por qué?
Porque el PRI en el 2012 decidió apoyar a Manuel Velasco Coello del PVEM que a su paso como diputado federal y senador, con habilidad política e identificación popular, logró acumular un considerable capital político que lo mostraba como vencedor de cualquier evento político en el que participara.
El PRI y el PVEM son aliados de por sí, por lo que el PRI no tuvo inconveniente en aliarse para respaldar la candidatura de Velasco que, como estaba previsto, lo llevó al triunfo resonante. El sexenio se fue con la rapidez que marcan los tiempos políticos y ahora estamos en un nuevo proceso electoral para relevar al gobernador Velasco, es aquí donde el ambiente del relevo debió presentarse claro, fresco y limpio como fue la campaña de quien ahora deja el gobierno.
Sucede que ocurrió el surgimiento de un aspirante que se creyó con derecho dinástico para acceder al Gobierno del Estado. Don Eduardo Ramírez Aguilar fue un precipitado que no respetó tiempos y se dedicó a hacer campaña sin miramientos, sin percatarse de que era acuciosamente observado por quienes tenían idénticas aspiraciones a las suyas.
Aprovechó todos los recovecos que le daba la ostentación del poder local para asumirse no como aspirante, sino como el sucesor inminente. Hizo del recinto del Congreso su feudo personal y lo convirtió en su cuarto de guerra rodeado de advenedizos e incondicionales. Hasta planes de futuro hizo donde la explotación turística en la costa aprovechando la Zona Económica Especial, estaría a cargo del famoso “rompecatres”, Mario Uvence Rojas, el mismo que intervino para construir y diseñar el súper lujoso hotel que Ramírez Aguilar levantó en Comitán y que ha dado pie a enconadas críticas donde la palabra mayor que se estila es la de corrupción.
Ramírez Aguilar se apoderó del Partido Verde creyendo que podía hacer con él lo que le viniera en gana y lo convirtió en su bastión para asegurar la gubernatura consciente de que el PRI, nuevamente, iría en alianza para apoyarlo sin remedio.
Se equivocó rotundamente y cuando vio que sus intenciones se hacían menos porque el PRI reclamaba que el turno era suyo para ir a la cabeza, Ramírez Aguilar recurrió a lo que solo acuden los bisoños ahogados por la ambición: la rebelión. Organizó grupos y con ellos se fue a la protesta sin alma, como líder de la dignidad por Chiapas y así ennegreció el ambiente limpio que prevalecía para tornarlo en gris y oscuro.
Ahora el destino político de Ramírez Aguilar es incierto, definitivamente ya no irá como candidato al Gobierno estatal porque irreflexivamente quemó todas sus naves y si aparece por allí en otra posición, estará poniendo en juego su condición de líder por la dignidad, más cuando él dijo “todo o nada”.
Con la llegada del licenciado José Antonio Aguilar Bodegas como candidato a la gubernatura respaldado por el Frente por México, el panorama se aclara al quedar completos los aspirantes. Es de esperarse que sea una jornada de alto civismo donde el voto ciudadano sea el que defina y el que honre a la democracia chiapaneca.