La labor de madre es incomparable, el esfuerzo de cada una debe ser valorado todos los días

Christian González/Ultimátum
TGZ
Para el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) es cada vez más frecuente que mujeres transiten a la maternidad o la ejerzan mientras están en una situación de no unión, ya sea separadas, divorciadas, viudas o solteras, lo que provoca, advierte, que en numerosos casos esto las coloque en situación de vulnerabilidad, tanto económica como social.
Los datos lo avalan: 27.8% de mujeres de 12 y más años tiene al menos un hijo nacido vivo, pero ejercen su maternidad sin pareja; 21.3% están separadas, divorciadas o viudas, mientras que 6.5% son madres solteras. Del total de madres unidas, 19.5% lo está en unión libre y 52.7% casada. Entre estas últimas destaca que en 3.5% y 4.9% respectivamente, su cónyuge o pareja reside en otra vivienda.
En el Día de las Madres, se convivió con Karla, Julieta, Irma y Lupita, cuatro mujeres que, “por razones del destino”, tuvieron que enfrentar la maternidad sin el apoyo de su pareja, pero demostraron que, a pesar de ello, nada las detuvo.
Irma Jonapá Ramos está parada en una esquina de la Calle Central, entre 1ª y 2ª Sur, estoica se ha mantenido durante varias horas del día, y suda la “gota gorda” porque el calor es intenso. A la altura de sus rodillas, se percibe una bandeja de plástico que contiene la mercancía que comercializa a los peatones y automovilistas: varios racimos de la fruta conocida como guaya.

Al principio desconfía, de inmediato pide una identificación, y al estar “segura”, abre “el corazón” para platicar, a detalle, lo que ha vivido desde que su esposo decidió abandonarla no solo a ella, sino a sus dos hijas, Natalia de Jesús y Rosimar.
Originaria de la colonia Ribera de Cerro Hueco, sobre el lado Sur Oriente de esta ciudad “coneja”, advierte que ella ha sido “madre y padre” para sus pequeñas, quienes, a base de ese esfuerzo, han avanzado en su formación académica, una de ellas en el nivel medio superior y, la otra, está a punto de salir de la universidad, en la carrera de Trabajo Social.
Aunque está consciente del “acoso” que sufren a diario por parte de las autoridades, quienes según ella casi siempre “las levantan” y hasta les quitan sus mercancías, afirma que nada la ha detenido para llevar lo necesario para la manutención de su hogar.
Desde temprana hora, la mujer tuxtleca, de 53 años de edad, se levanta antes de que los rayos del sol penetren en su vivienda y comienza a preparar los productos que ofrecerá: nuégados, gaznates, hojuelas, entre otros. “Yo lucho para que ellas, el día de mañana, tengan un futuro mejor que el mío, ya que cada vez es más difícil conseguir trabajo”, advirtió.
De pronto, en tono serio, rememora que no se casó, sino que vivió en unión libre, “pero él no se hizo responsable, se fue, entonces me dediqué a chambear para salir adelante”.
-Doña Irma, ¿se puede salir adelante sin un hombre?
“Claro que sí, ¡trabajando! Hay que esforzarse a diario para que nuestros hijos estén bien, que estudien. Yo con lo que vendo ya sea de casa en casa o acá en las banquetas, puedo proporcionar lo necesario”, exclamó.
Sin embargo, la mujer de tez morena agradece el apoyo que ha recibido de su hermano y sus padres, con quienes comparte el techo. “Me cuesta para ganar el dinero, luego los pasajes de mis hijas, la comida, ¿se imagina usted?, y lo he logrado”.
Para sobrellevar todas las adversidades, mencionó que se requiere de “mucho carácter” y voluntad, porque para ella es lo más importante para toda madre, agrega doña Irma, quien resalta que el único programa gubernamental que recibe es “Prospera”, aunque para ello transcurrió un prolongado lapso de tiempo.
“Apenas tiene como un año que me lo acaban de dar. Yo decía: ‘Dios padre, cómo es posible que hay gente que lo recibe y no lo necesita, y yo que sí aún no lo tengo’… Eso me preguntaba, pero le doy gracias a Dios que ya me llegó, aunque ahí puede decir que a pesar de que no lo tenía, saqué a mis hijas adelante”, manifestó, quien hace un año sufrió un accidente que casi la deja sin vida.
No obstante que es madre soltera, comenta que de forma constante les advierte a sus hijas que no es bueno casarse joven, “yo tuve mi pareja a los 32 años, y aun así me costó mucho (…) Ellas me ayudan mucho, saben hacer los dulces tradicionales, tienen empleo los fines de semana y lo mejor: saben lo que nos ha costado”.
Su labor no termina ahí. Luego de enfrentarse a la “cruda realidad”, buscó a Dios y se inmiscuyó en un grupo de la Iglesia católica. Desde esa “trinchera”, ha llevado la “Palabra” a muchas mujeres que sufren violencia intrafamiliar. “Algunas me han escuchado, les digo que sí pueden solas, que no es necesario estar con un hombre”.
Doña Irma, quien no piensa en casarse o “buscar el amor” otra vez, sabe que no tiene tiempo para descansar, pero aun así se toma unos minutos para ver algún programa en la televisión. Su camino, insiste, es que sus hijas se preparen, “no hay de otra, mientras tanto, yo seguiré trabajando”.
-¿Le gusta la política?
“Fíjese que ya no hay que creer mucho en los candidatos, porque nos han engañado, porque en campaña nos ofrecen muchas cosas, pero cuando están en lo alto, nos miran y ya no cumple”.

KARLA: SU DOBLE VIACRUCIS

Sentada en una de las sillas de su oficina en una dependencia federal, Karla Fabiola Gamboa Coronel cuenta cómo, a los 27 años (hoy tiene 35), quedó embarazada y tuvo a su hijo, Juan Carlos, a quien procreó y ha cuidado con mucho esfuerzo y dedicación.
Sin embargo, lamenta el doble “viacrucis” que ha vivido: el desprecio de quien era su pareja, y el espectro autista, conocido como Asperger, que padece su pequeño. “Me enamoré de él cuando estudiábamos en el mismo salón en la Facultad de Derecho de la Unach, allá en San Cristóbal de Las Casas, pero me engañó con otra; años después, cuando apenas empezaba a laborar para esta instancia, nos reencontramos y quedé embarazada. Solo me dijo: ‘Ahí ves qué haces’… ¡y se fue!”.
Aunque sufrió: lloró, “flaqueó en el ánimo” y sorteó otras desavenencias, “sacó el músculo” y, con tesón, se recuperó. Eso sí, no desestima el apoyo que ha recibido de sus padres y hermana; “son mis ángeles, han sido muy importantes para mí”, externa la joven mujer.
Proveniente de una familia “con costumbres tradicionales”, Karla –también de raíces tuxtlecas- recuerda que el primer “golpe” fue embarazarse sin haber contraído matrimonio, aunque siguió su curso e incluso viajaba a la colonial ciudad coleta para estudiar su maestría, la cual culminó a pesar de que estaba a punto de “dar a luz”.
Se esforzó, agrega, porque quería demostrarse a sí misma que sí podía sola. “Ya me había aventado ese paquete de la maestría, que implica un gasto, y quedo embarazada, pero fue un reto, porque lejos de decir no puedo, dije: ‘¡Claro que sí puedo!’, pero algo que siempre digo es que nunca me imaginé esto, sino que pensaba que me casaría bien y todo”.
Cuando se entera de que su vástago tenía el espectro autista (como al año y medio de nacido), empezó otro reto: buscar ayuda para que lo atendieran; chambear varias horas al día, y llevar a su hijo no solo a la escuela, sino a terapias: una acción maratónica, pero todo lo ha superado sin el apoyo del papá.
No obstante que en su “idilio” no le fue bien, la joven profesionista no desecha la posibilidad de conocer a otro varón, y por qué no, enamorarse. “No puede divorciarse el hecho de que en una ocasión te haya ido mal, y que puedas pensar que siempre será así. No quiere decir que todo será lo mismo; no todos son iguales”, ataja la entrevistada, quien sin embargo, advirtió que habría más “candados o requisitos” para elegir uno.
Karla no concuerda con la frase: “Soy padre y madre a la vez”, pues para ella ambas figuras son distintas, y cada uno aporta un “granito de arena” en diversos rubros dentro del hogar, “entonces no puedes pensar que la madre adoptará cosas del padre; más bien creo que mamá es súper mamá, tenemos como la fuerza suficiente, como que más valor”.
De acuerdo con su visión, “y no por denostar a los varones”, son muy pocos los hombres que sobresalen como papás solteros, que las mismas mamás, “le cuesta más, y como que al final de cuentas busca una ayuda, y se vuelven a casar; yo, por ejemplo, en estos momentos estoy enfocada a mi vida personal y profesional, a mi hijo, y no pido ayuda para que venga alguien”.

LUPITA, “DEL VOLANTE PA’ ADELANTE”

Impulsada por la alegría, María Guadalupe Rodas Balbuena, quien se considera más chiapaneca que “defeña”, resalta que a sus más de 50 años de edad, la vida le ha sonreído, a pesar de que quien era su cónyuge, también la abandonó. Al menos con dos décadas como chofer del transporte público, logró no solo darle estudios, calzado, alimentos y cubrir otras necesidades de sus hijos, sino incluso “consentirse” a ella misma con estudiar dos carreras: fisioterapeuta y licenciada en Derecho (este último título lo obtuvo apenas el año pasado).
Dentro de su experiencia, ha manejado en varias modalidades, hasta un camión de la empresa “Conejobús” (por siete años) y desde hace como tres años en un taxi, pero además se enfoca, cuando la requieren, en tratar a pacientes con discapacidad, con síndrome de Down o con problemas físicos, e incluso hasta litiga en sus “tiempos libres”.
Está consciente que una mujer no debe de depender de un hombre, “a veces dicen: ‘Por mis hijos me voy a quedar con mi marido’, y eso no es lo correcto, porque le hace uno más daños a nuestros hijos (ambos cursan sus carreras en escuelas particulares)”.
-Doña Lupita, ¿su exposo la apoya con esos gastos?
Sí, ¡claro!, por medio de la ley (se ríe); obligadito, como quien dice…
Para ella, “enamorada del volante” y también dedicada al deporte, nunca es tarde para encontrar de nueva cuenta el amor, sin embargo tiene sus prioridades, una de ellas es su trabajo en el taxi. Aunque el hecho de no tener una pareja, no la distrae de sus gustos: toca además la marimba.
Si no supiera hacer otra cosa, afirma que buscaría la manera de darle un mejor futuro a sus hijos: “Planchando, lavando, de muchas formas, pero sí se puede, por lo menos tocar puertas, y no solo estirar la mano para decir: ¡dame, dame, dame!”.
Y no deja de lado la materia política, por lo que se emociona cuando ve en que más compañeras ostentan más cargos, “la capacidad la tenemos, somos muy capaces, y podemos ser presidentas de la República”. Lo que le disgusta, añade, son los raquíticos apoyos que otorga el gobierno, “se puede agradecer, pero sentimos que te lo dan por lástima”.

JULIA

En uno de los pasillos del Mercado “Juan Sabines Guerrero” (antes “Díaz Ordaz”), doña Julieta Ríos ofrece, sus dulces tradicionales: melcochas, nuégados, palanquetas, chocolate, tascalate, hasta algunos curtidos como el nanchi. A base de esfuerzo, “porque también su esposo la abandonó”, esta longeva mujer –cuyo ombligo está enterrado en esta capital tuxtleca- le ofreció bienestar a su hija Mercedes e hijo Julio César, de 53 y 55 años, respectivamente.

Durante la plática, la mujer de poco más de siete décadas de vida voltea a ver su mercancía, la señala y dice: “Con este negocito saqué adelante a mi familia, desde cuando tenía 21 años, porque mi marido se fue con otra; pero para mí la vida ha sido bonita”.
Su perseverancia valió la pena, pues con sus ventas su varón culminó su carrera, mientras que su hija, quien solo estudió hasta la secundaria porque no le gustó la escuela, hoy también tiene un negocio en la Central de Abasto.
-¿Y por qué ya no se quiso casar otra vez, doña Julieta?
Ya no quise, me enfoqué en mis hijos. Menos ahorita que ya estoy grande. ¡Y claro que se puede salir adelante solita!
Desde temprana hora comienza su fase laboral en el mercado, aunque a veces llega un poco tarde porque ayuda a cuidar a algunos de sus ocho nietos. Advierte que las ventas no son como antes, pues claramente han bajado. Aun así, sigue su curso, tiene para vivir tranquila, compartiendo techo en la casa de su hija.
Sus raíces están “enterradas” en el mercado, donde para ella –la tercera de ocho hermanos- está parte de su familia, sus compañeras locatarias. “Solo pongo mi vida en las manos de Diosito porque soy sola (sic), que me ayude a salir adelante”, confiesa.
A pesar de que desde hace varios años son madres solteras, las entrevistadas lanzan un mensaje a todas las mujeres que, ya sea que sufran violencia intrafamiliar o engaños por parte de sus parejas, a “salirse de ese infierno” y comenzar una verdadera vida, “porque solas sí podemos hacer las cosas”.