Ubicado en una frontera  en donde se da un fárrago turbador producto de la delincuencia, Chiapas es sin duda una posición medular para el país porque es la puerta de entrada y salida a Centroamérica, ésta una región históricamente emponzoñada de violencia y de pobreza.
En la franja fronteriza de Chiapas se ha vivido un escenario tremebundo incubado al paso de la dejadez oficial.
Allí estalló una grave problemática porque el hambre y las guerrillas que zarandean a los pueblos centroamericanos obligan a sus desesperados habitantes dirigir la mirada a los Estados Unidos, siendo Chiapas el punto clave por donde se inicia la pesadilla del sueño americano.
En Guatemala, como en toda Centroamérica, la miseria es un fenómeno que se entiende porque los países expulsores de mano de obra mantienen índices de desempleo superiores a 40 por ciento.
Centroamérica también vive estragos de una guerra que dejó 12 muertes diarias por arma de fuego y nulo crecimiento económico. Esa catapulta, expulsora principalmente de los jóvenes, expone a migrantes al tráfico de drogas, trata de mujeres, crimen organizado y policías coludidos. Es un contexto terrorífico.
Así, todos los días miles de hombres y mujeres, incluso niños, abandonan sus chozas y comunidades para  emprender un vía crucis apocalíptico pues en casos recurrentes mueren en los ríos, en los montes, en las veredas, en los puentes, en los caminos perdidos o en el ferrocarril y ni siquiera se sabe el número exacto de víctimas y de decesos.
A la lucha del crimen  entre sí por el control del comercio de ilegales (un pollero cobra al menos dos mil dólares por indocumentado para cruzarlo en esta frontera y trasladarlo a la otra frontera, la de México-Estados Unidos), emergió otro cáncer endémico que representa el activismo gansteril de la falange Mara Salvatrucha, nacida en California, Estados Unidos, en la década de los ochenta y hoy sorprendentemente ramificada en las ciudades más importantes del vecino del norte y, por supuesto, como insectos en toda la región centroamericana.
Ergo, los esfuerzos gubernamentales deben estar orientados a cerrar el paso a las hordas de criminales que entre ellos sostienen una refriega sin cuartel y a muerte en aras de una hegemonía estratégica que les siga dando poder y dinero.
El plan gubernamental debe consolidar una frontera segura y amparar la integridad física y los bienes de la gente. Debe ser un proyecto brioso no para el desfogue del abuso en contra de particulares, sino para cercar y combatir con precisión y carácter, con toda la fuerza de la legalidad, a tropeles de canallas y facinerosos en ese territorio desdeñado históricamente.
Con Trump, con muros o sin ellos, la migración es un fenómeno global que no se detendrá. Por eso, para hacer honor al poeta urbano Ricardo Arjona en su canción de Mojado, es tiempo que los gobiernos del mundo asuman políticas integrales porque todos los seres humanos tienen el derecho de trasladarse de un país a otro y establecerse en donde mejor les convenga. –
México no puede ser la excepción. Y Chiapas es un punto estratégico.