Familia destaca las bondades de la lombricultura, producción de animales y de alimentos orgánicos como leguminosas

Christian González/Ultimátum
TGZ
Desde hace 20 años, en una extensión de 3.5 hectáreas, la familia del empresario coiteco Luis Alberto Gutiérrez Miceli creó un verdadero emporio en cuanto a la producción de alimentos 100 por ciento orgánicos, además de generar empleos y, lo más importante, con una responsabilidad por el cuidado del medio ambiente.
“Luanda, productos orgánicos”, ubicado en el kilómetro 10.5 de la carretera Ocozocoautla-Villaflores, es un modelo de granja integral que floreció por el aprovechamiento de todos los recursos naturales, de una manera sustentable y que hoy “ve los frutos” del esfuerzo y el reconocimiento de académicos, autoridades y de cientos o miles de productores locales y hasta nacionales.
Sin embargo, la base principal del proyecto es la lombricultura, es decir la transformadora de insumos orgánicos para la agricultura, que además genera granos, leguminosas y proteínas, y de esa manera seguir con la crianza de cerdos, borregos, bovinos, conejos y gallinas.
En un recorrido por el lugar, su propietario, Luis Gutiérrez explica cada uno de los espacios con los que cuenta, desde las “cunas” para producir lombrices y el “lixiviado” de las mismas, hasta obtener el producto final: la composta. Entre otras cosas, señala cómo han alcanzado una mejora en la genética de cerdos, y otros cultivos, como la moringa, que incluso son la base fundamental de la alimentación de los animales.
En el trayecto, en el cual también participan “extensionsitas” de la Secretaría del Campo que buscan aprender las técnicas de producción, resalta que esto es como un eslabón para lombicultura, debido a que todos los excrementos reciclados sirven para alimentar a las lombrices, las cuales regeneran ese “desecho” para producir los granos, los alimentos de los animales y de esa forma cerrar el ciclo productivo.
En pocas palabras, destaca que el proyecto es integral porque son varios factores que se fusionan en una misma perspectiva, “por eso es una función integral”.

TIERRA FÉRTIL: CON POCO HIZO MUCHO

El modelo inició hace dos décadas con 20 kilogramos de lombrices, y en la actualidad, al mes, producen de 20 a 30 toneladas, para luego proveerles a otros productores ya sea de aguacate o papaya o para los insumos de la misma granja. En estos momentos, dice el entrevistado, buscan instalar una granja similar en Villa Hidalgo, municipio de Villaflores, y otras más en El Espinal y Jitotol, Oaxaca.
Sobre la situación actual del campo en Chiapas, confiesa que el principal problema es el productor, mismo que se ha quedado obsoleto en cuestión tecnológica, en la tendencia, transformación y en la producción de insumos, por ello considera que se tiene “que combinar lo tradicional, lo antiguo, pues antes así se producían los abonos, los fertilizantes”.
Es decir, agrega, “es necesario aplicar bien lo tradicional, y reciclar lo que la humanidad deja ahorita, lo que ha beneficiado a tu proyecto, combinar las dos circunstancias, pues utilizas las herramientas de antes para producir sano, y las de la actualidad”.
Para él, de 10 millones de personas, poco más de tres cuartas partes no producen lo que consumen, y en esa parte ve claramente un nicho de mercado, “tenemos que proveer lo que esas familias requieren”.

UNA SOLA FAMILIA

Aclara que han tenido éxito porque, primero, es una empresa coiteca 100 por ciento familiar, es decir que están inmersos sus hijos Luis Alberto (encargado de los cerdos), Daniel (responsable de la engorda de becerros y borregos), Ana Patricia (enfocada en la cuestión publicitaria) y su esposa Ana Lilia Rincón Farrera, cada uno de los cuales tiene una responsabilidad: desde el lado espiritual, familiar y empresarial, “tenemos crecimiento personal, de actitud, donde el ser humano puede transmitir mucha paz, amor por la naturaleza”, ataja.

Además, en estos tiempos ya se involucra su nuera Raquel Camacho, además de su nieta Renata Gutiérrez Camacho, “la tercera generación que se mete al proyecto; le agradezco a Dios por permitirme ver esto, lo que para mí es hermoso”.
Si algo le ha funcionado bien, especifica, es que los empleados se sientan con capacidad de aprender, enseñar e incluso emprender su propio negocio, “eso les enseñamos aquí, donde se diversifican las acciones, y lógico los que tienen ese interés se les da la oportunidad”.
Refiere que de los 10 trabajadores con los que cuentan, al menos nueve saben sobre lombricultura y de todas las actividades, y cuando emigren pueden encontrar un empleo “y darse un valor extra por la capacidad que ya tienen, y eso les fascina a ellos, pues saben manejar maquinaria, un tractor, son parte de las ganancias, del éxito y, sobre todo, cuando se les aclara que se logra un objetivo porque ellos están presentes, y cuando los hacemos parte de esa forma, es cuando tu empres crece”.

LE APUESTAN A LA MORINGA, ÁRNICA Y OTRAS LEGUMINOSAS REDITUABLES

Durante el recorrido por una parte de la granja, resaltan los cultivos de moringa y asimismo de árnica, lo que también sirve para alimentar a los animales de una manera más sana; “en vez de darles un forraje en seco, se los damos en verde, una fibra con más proteínas y así alcanzar los objetivos más claros”, resalta.
En términos técnicos, comenta que mientras una hectárea de maíz en grano te da 3.5 ó 4 toneladas al año, una de ensilados, con su riego de goteos, te ofrecerá 160 toneladas. “Es una gran diferencia si empiezas a modificar tu estilo de cultivo, de cosecha”, resalta.
El proyecto “ha cruzado fronteras”, e incluso tienen capacidad para elaborar galeras, hacer infraestructura para lo que necesiten los marranos o bovinos, y cuidar perfectamente los procesos, desde la estación, maternidad, engorda, lactancia y sementales.
“Traemos un muy buen equipo de trabajo, y aunque vamos paso a paso, ya echamos a andar un proyecto en Mérida (Yacatán), donde empezamos con una tonelada de lombrices; en Oaxaca, Veracruz, Tabasco y aquí mismo en Chiapas, pero más enfocados en lombricultura y cerdos”, puntualiza.
Además, otra de las “fortalezas” de la empresa es su producción en materia de genética en puercos, pues ha alcanzado un buen nivel en la venta de semen, “se compraron semetales de muy buena genética; se cuenta con el laboratorio para la extracción de semen, la división, envasado, hacer las dosis y venderlo (máximo a 200 pesos)”, sobre todo a los productores que no cuentan con el recurso suficiente para adquirir un semental de 40 mil pesos.
Incluso ahora inciden en el mercado local de Coita, con pequeños productores que están preocupados en mejorar la genética de sus animales. Además, recuerda que ya ha tenido “contacto” con empresarios extranjeros, sobre todo antes de echar a andar “Luanda”, es decir cuando producía papaya orgánica.
“Solo llevé mi muestra de producción, porque el comprador proveniente de Alemania solo quería verla, platicamos, pero el único detalle por la que no pude venderla fue por la extensión de tierras que no estaba certificada”, rememora Gutiérrez, quien añade que sí le llamó la atención.
A nivel nacional, presume, tiene contacto con el representante de la FAO, quien ya estuvo en la granja y se espera que en este 2018 la comunicación sea más intensa para hacer una vinculación para apoyarlos en asesoramientos y pláticas para 28 entidades federativas.
El siguiente paso para cerrar los ciclos de sustentabilidad, el cual se dará a mediados de este año, es el aprovechamiento de las energías renovables, desde los biodigestores, aprovechar los gases que producen las compostas, y luz solar para ahorrar energía eléctrica.

EJEMPLO DE PRODUCCIÓN

Aclara que “Luanda, productos orgánicos” debe servir como un ejemplo para no depender siempre de otras instancias, como el mismo gobierno, porque al final de cuentas éste te puede apoyar una vez pero, advierte, es difícil que lo haga en dos o tres ocasiones.
“Que te den, está bien, pero que solo sirva de empuje. Lo que ahorita sucede es que la mayoría de los productores se queja porque quieren que todos los años les otorguen algo, cuando lo que tienen que hacer es tomar esa semilla que les dan y continuar solos, y cuando cambiemos esa mentalidad, otra cosa será, porque por lo regular se detienen en los programas que son limitados, es decir de 4 ó 5 mil pesos por hectárea, lo que les servirá para sobrevivir unos cuantos meses”, subraya.

MODELO TIENE QUE REPLICARSE EN EL MEDIO RURAL

Jaime Domínguez Valdez, coordinador de Desarrollo del Distrito Rural 18 de Tuxtla Gutiérrez, dependiente de la Secretaría del Campo, considera que este proyecto lo conoce desde hace varios años, “veía como él (Luis Miceli) hacía que sus hijos se involucraran, tanto en la producción de abono orgánico con lombricultura”.
El éxito de la empresa ha dependido, agrega, porque se involucró toda la familia, “un proyecto integral que vale la pena replicar en el medio rural, porque en una superficie pequeña se puede hacer mucho: producir hortalizas, actividad pecuaria, cría de aves, puercos, y la formulación de esos abonos orgánicos, fertilizantes”.
El también especialista en economía agrícola y productor de caña de maíz y hortalizas, resalta que por ello decidieron llevar a profesionales agrónomos de la Secam para que se “empapen” de ese conocimiento y replicarlo con los productores chiapanecos.
Detalla que ha observado algunos avances con el Programa de Pequeños Productores (Pesa), sobre todo en la región Fronteriza, “pues la idea es que el mismo productor se involucre con toda su familia no solo en la producción primaria, sino en darle el valor agregado a la misma”.
Está consciente, dice, de que muchas veces este tipo de proyectos o modelos no llegan a donde tienen que “aterrizar” porque hace falta mayor información a los productores, “o una iniciativa de nosotros como profesionales para que ellos tengan ese alcance, el respaldo económico y que echen andar este tipo de acciones”.
Al término del recorrido y la respectiva explicación de cada espacio y actividad que allí se efectúa, los anfitriones ofrecieron una comida de lo que en “Luanda” se produce día a día. De hecho, según los dueños, otra de las metas es echar a andar un restaurante en ese sitio, proyecto que se “ejecutaría” en breve.