Chiapas, en 2017, registró al menos nueve agresiones contra periodistas; ninguna muerte

Christian González/Ultimátum
TGZ
A pesar de que Chiapas es un estado en donde la violencia contra los periodistas aún no es asunto que, por el momento, sea preocupante, a nivel nacional la situación es distinta. De acuerdo con la organización Artículo 19, misma que desde 1987 promueve y defiende el avance progresivo de los derechos de libertad de expresión y acceso a la información de todas las personas, en el 2017 se registraron en el país 507 agresiones contra quienes ejercen este oficio, de los cuales 12 fueron asesinatos.
Sin embargo, en lo que va de este 2018 el crimen organizado ya cobró la vida de alrededor de cinco compañeros, entre ellos Javier Valdez, en Sinaloa; Juan Carlos Huerta, en Tabasco, y Carlos Domínguez, en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Desde 2010 a la fecha, se calcula que más de 130 perdieron la vida.
Por ello, frases como “No se mata la verdad, matando periodistas” se han convertido, desde hace algunos años (alrededor del 2012), en el mensaje casi constante de quienes se dedican al ejercicio de informar, pues es preocupante lo que sucede con el gremio, el cual se siente en estado de indefensión.
En el marco del “Día de la Libertad de expresión” (instituido como tal un 7 de junio de 1956 durante el gobierno de Miguel Alemán Valdez), Diario Ultimátum se acercó a varios periodistas chiapanecos para saber, de viva voz, lo que ocurre con lo que parece una “cacería” contra ellos.
En entrevista, Sergio Melgar Recinos, actual director del periódico Código Sur (en la actualidad en versión digital) y con una experiencia de poco más de tres décadas en medios de comunicación, afirma que no hay nada qué celebrar porque, a lo largo de este año, “han asesinado a cinco compañeros periodistas.
Para él, este último mes fue fatídico para la prensa por los crímenes contra Huerta, en Tabasco, y a Alicia Díaz González, del Diario Milenio, por lo que “dos periodistas muertos en mayo, resulta agraviante contra el gremio, y vemos con preocupación que hay más asesinatos, menos casos resueltos, y solo recordemos que están pendientes las muertes de Miroslava, en Chihuahua, o el de Javier Valdez, en Sinaloa, entre otros más, sobre todo en Veracruz”.
En el caso de la entidad chiapaneca, Melgar afirma que lo que más se da son agresiones de ediles o presidentes municipales en contra de compañeros, “a principio de año, el alcalde de Pichucalco golpeó a Raúl Hernández Arteaga, a quien le tiró los lentes y le dejó el ojo morado. Por ello, el compañero interpuso una demanda penal por lesiones, pero no pasó nada”.
Ejemplifica que otro compañero agredido fue Jorge Ceballos, a quien le quebraron su cámara fotográfica los guaruras del candidato a la gubernatura por Chiapas, Rutilio Escandón, “fue en Tapachula, él quería tomar unas gráficas, video, no se lo permitieron y encima de eso lo agreden, lo manotearon”. También habla del munícipe de Chicomuselo, “quien se le fue encima a los compañeros. Entonces, las agresiones en Chiapas se dan de esa forma; todo va de las amenazas a los golpes, y ¡qué bueno que no han habido muertos!, pero sí es preocupante”.
No obstante este clima hostil, opina que la geografía local está lejos de igualarse a entidades como Tabasco, Veracruz, Tamaulipas, Sinaloa, “vivimos paz social. Hagamos un comparativo: en el estado tabasqueño hay un promedio de 200 a 250 secuestros al año, mientras que en Chiapas no llegamos ni a 10; y allá no te mandan cartas aclaratorias, sino que de una vez te ejecutan como a Carlos Huerta”.
Sin embargo, para el periodista Ezequiel Gómez este panorama no está tan lejano como parece, y prueba de ello es lo que ocurre en la “tierra del Edén” o Veracruz, donde la delincuencia organizada prácticamente ha copado a los medios de comunicación, “y si no protegemos al gremio, algo puede pasar. Por fortuna contamos con una Fiscalía Especializada para proteger a los periodistas en Chiapas, que otros estados no tienen”.
Con 35 años de labor periodística en la entidad autonombrado de la “vieja guardia”, confiesa que ejercer el periodismo en Chiapas no es peligroso, no obstante, está consciente de que esto no es lo mismo en otras latitudes del país.
“Porque en esos lados han habido vínculos con la delincuencia organizada, y otros donde el propio órgano de gobierno ha lastimado a los periodistas. Lo podemos ver con los últimos casos registrados en Veracruz o Sinaloa, los cuales son graves porque atentan contra la libertad de prensa”, argumenta.
Entrevistado por aparte, Benardino Toscano, actual director del portal de noticias Mural Chiapas, pero sumergido en el oficio desde 1993, considera que la libertad de expresión pareciera “letra muerta”, y a nivel nacional está consagrado en el artículo séptimo constitucional, “pero no está reglamentado, por desgracia. Tenemos una Ley de Imprenta, pero es el artículo sexto”.
Lo más lamentable, asevera, es que son las mismas autoridades quienes cuartan ese derecho humano, “se trata de una provocación para tener un pretexto para reprimir. Y algo que quiero dejar en claro es que esa libertad de expresión no es particular del gremio periodístico, sino de toda la sociedad, pero insisto, vivimos una situación de violencia generalizada, han habido muertes”.
Incluso advierte que no hay una tipificación en sí para ejercer el periodismo, “el año pasado y en lo que va del actual se hizo una modificación del Código Penal, pero no hay un mecanismo que tenga el fiscal para poder proteger a los compañeros”.
En cuanto a que en Chiapas se recrudezcan las acciones violentas en contra del gremio, analiza que, a pesar de que pareciera que eso está lejano, “sí se siente, incluso yo como periodista fui agredido por la propia institución de seguridad pública”.
En una ocasión, recuerda, le pidieron que se identificara como periodista para cubrir una información, “pero en realidad no tengo por qué identificarme como tal, porque soy sociedad; pero imagínate, si así tratan a un periodista que se puede defender de forma pública, qué te puedes esperar de un ciudadano que carece de herramientas para ello”.
Si bien han habido avances, aún se tiene cierto control de los “medios tradicionales” a través de la publicidad oficial, manifiesta Isaín Mandujano, corresponsal de la Revista Proceso (con 24 años en el oficio), quien advierte que la libertad de expresión es un derecho humano de todos los ciudadanos sin excepción, “pero somos los periodistas quienes hacemos efectivo ese derecho, de una manera rutinaria, los que abrimos brechas”.
No obstante, reconoce que no ha sido fácil porque hay inercias que intentan censurar o callar a la prensa, “grupos de poder político, gubernamental, fácticos a los que no les conviene que uno denuncie una u otra situación”.
Comparado con otros estados del país, refiere que Chiapas “es todavía un paraíso, a pesar de que hay asuntos con el crimen organizado, con el narco, pero insisto, acá por fortuna no vivimos situaciones críticas como en Coahuila, Sinaloa, Veracruz…”.
De hecho, celebra que el crimen organizado “no calentara” la Frontera Sur, o alterara el escenario político local, “porque de alguna u otra manera hubiéramos sufrido esta crisis, como lo que ocurre en otros estados, ya tenemos una lista con más de 130 periodistas asesinados, otros están refugiados en otros países”.
Lo que también genera una alerta, dice el reconocido comunicador, son los más de 20 colegas desaparecidos, “y nadie te garantiza nada de que puedas ejercer bien tu trabajo”.
Comenta que aún no observa alguna situación que pueda compararse con otras entidades, donde el crimen organizado ha hecho de las suyas, “y si hay un crimen organizado lo tenemos agazapado, soterrado, porque aún no altera el espacio social, de convivencia de los chiapanecos, y si existen, qué bueno que se mantenga así”.
Algo similar opina Claudia Lobatón, reportera de la empresa Meganoticias y con una década de experiencia en la labor periodística, quien destaca que los eventos sangrientos contra colegas se da en otras entidades, “acá se registra más, o es más común la censura, la autocensura”.
Empero, advierte que si se continúa con esa inercia en entidades cercanas, como la tabasqueña, en algunos años esos hechos se replicarían en Chiapas, “no descartamos que esto ocurra, “pero si sigue así la inseguridad, ¡aguas!”.

LEY MORDAZA

Sobre los efectos de la llamada “Ley Mordaza” cuyo objetivo, para muchos, era “silenciar” a los periodistas, Sergio Melgar recuerda que no sucedió nada porque pasó del código penal al civil, por lo que ya no existen los delitos de difamación y calumnia, “ahora son contra el honor o daño a la moral, y ahí lo que pide el agraviado es una remuneración económica. No hay cárcel”.
En cuanto a la llamada censura, expone que esa situación se da de forma más constante en los periódicos, “pero la autocensura se da más con nosotros, ya sea por una conveniencia económica, o porque es mi cuate ese funcionario, o porque piensas que te va a pasar algo y mejor no lo pones. Ahí es una cuestión personal, y cada quien tiene sus parámetros, y creo que se da más la autocensura”.
No obstante que con su actual rotativo ha sido crítico, afirma que la situación no ha pasado de las amenazas: “Me han llamado, amenazado, pero por fortuna solo son ‘calambres’, pero no está de más tener advertencias; creo que son gajes del oficio, pero también creo que los funcionarios deben de respetar esa libertad de expresión, porque uno tiene derecho a cuestionar lo que sea”.
Una de las panaceas para acabar o reducir esas agresiones, dice, es que gobierno del estado nombre un “ombudsman” para protección de los periodistas, “porque hay uno que protege los derechos humanos en general, pero sí se requiere de uno que nos proteja”.
Para Isaín Mandujano en la entidad permea más la autocensura, pero de una forma “muy velada, como dije, vía publicidad oficial”. En cuanto a la “Ley Mordaza”, rememora que se intentó echar andar en el año 2004, pero fue el gobierno sabinista el que la detuvo, “producto de una lucha de varios colegas, por lo que fue la presión la que hizo su efecto”.
Por ello, insiste en que existen otras maneras de controlar a los medios, como “dije, vía publicidad oficial, pero ¡ojo!: eso no es un control total de todos, porque al final de cuentas las redes sociales o internet abrieron alternativas, y ahora la verdadera libertad de expresión se ejerce de una forma exponencial, e incluso hasta se abusa de ella (…) Pero más vale un libertinaje, que la censura y la autocensura, y ya seremos nosotros quienes decidamos qué consumir”.
De nueva cuenta, Ezequiel Gómez explica que la libertad de expresión se ha manejado en varios aspectos durante “todo este recorrido, pero lo que te puedo decir es que hoy vemos un periodismo más veraz, más objetivo, más libre”.
Antes, rememora, se enfrentaban a algunas limitaciones, “en algunos medios estábamos bloqueados, no podíamos manifestarnos”, sin embargo argumenta que las redes sociales también han abonado en esta parte, “porque hay una penetración mayor en la sociedad la que finalmente ve si es una información veraz o no”. Algo que ha ayudado en mucho para mejorar los contenidos, aclara, es la profesionalización del gremio.
Sobre la censura, coincide que en la mayor parte de ocasiones es el mismo periodista quien se autocensura, “y esto ha provocado un gran desliz en cuanto a la información: me censuro porque es mi amigo, es mi compadre, o porque recibo algún beneficio; aunque también hay censuras que vienen del propio gobierno o de organizaciones, por los llamados famosos convenios”.
Según su visión, lo que uno tiene que hacer es presentar su información tal cual, y en el caso de que sea censurada, advierte, “ya no es cosa de nosotros, porque nosotros ya cumplimos… necesitamos con periodistas combatientes, cuestionar y no conformarnos con lo que nos den”.
Claudia Lobatón externa que en la parte de censura sí ha estado complejo, “al menos en los últimos sexenios, o los que a mí me han tocado, he sido despedida de medios de comunicación por intereses políticos, que quizá trastoqué, convenios que tenían con gobierno del estado”.
Para Bernardino Toscano, la verdadera censura o autocensura se da porque en muchas ocasiones no se puede difundir alguna información, “pero es por la integridad de uno como periodista; pero pienso que cada quien se autocensura de acuerdo con tu perfil, con tus intereses”.

LA VERDADERA DESPROTECCIÓN EN CHIAPAS

La realidad en Chiapas es distinta. Para los entrevistados esto va más allá, desde no contar con una seguridad social, prestaciones, reparto de utilidades, prima vacacional, entre otros derechos; o recibir salarios que no cubren todas sus necesidades.
“En algunos medios como que aún ‘no cabe el veinte’ de que estamos en otros tiempos, y que en verdad los periodistas debe contar con todo eso, y hoy, sobre todo, es necesario que se cuente con un salario digno, que pueda darle a su familia lo que necesita”, ataja Ezequiel Gómez.
De acuerdo con Toscano, esta situación de vulnerabilidad laboral no solo la sufren los periodistas, sino casi todos los mexicanos, “a duras penas la mayoría que trabajan en el gobierno tienen, por ejemplo, seguridad social, pero es muy endeble, porque si dejas de laborar, pierdes todos los derechos”, cuando un ciudadano, agrega, debe de contar con ello y más: vivienda, acceso a la salud, entre otros.
En el caso de que te ocurra algo, una agresión, “también estamos desprotegidos, es decir, haz de cuenta que tenemos una Fiscalía sin dientes”, afirma.
Por su lado, Lobatón menciona que al menos el 80 por ciento de los reporteros no cuentan con seguridad social o servicios médicos, “tenemos que costear todo esto, y se ha dado que compañeros, dentro de su labor, se accidentan y no tienen los medios para pagar estos servicios, y ahí tenemos que hacer la ‘vaquita’, pero es un tema que nos lastima”.
No obstante todas las vicisitudes, reitera que se han unido como gremio y subsanan de alguna forma esas necesidades, “sin embargo es un gremio mal pagado, sin prestaciones, y la mayoría tenemos de dos hasta cuatro trabajos para cubrir lo que requerimos para vivir”.
Puso el “dedo en la llaga”: “Una buena parte de reporteras somos madres solteras. De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Mujeres, siete de cada 10 periodistas somos madres solteras, la mayor parte sin condiciones de poder pagar una guardería, entonces ese tipo de condiciones nos pegan”.
A pesar de que es un gremio complicado “por el canibalismo” que se registra de forma constante, externa que al final de cuentas sí hay que celebrar a la libertad de expresión, “porque somos un gremio unido, y eso nos ha ayudado mucho”.