En el período en que le tocó gobernar como presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, Fernando Castellanos Cal y Mayor realizó una administración mediocre, desvalorada y con reprobación general. En política cuando un administración es encomendada a un hombre o a una mujer, al final se le califica con determinado color: áurea si es brillante o plata si es muy buena. A aquellas administraciones mediocres e intrascendentes se les identifica con el color gris, tirando a rata. Este es el color que distinguirá siempre a la administración de Castellanos y de sus regidores, porque en tal caso no hay excepción: peca tanto el que mata la vaca como el que jala la pata.
Un regidor plurinominal, Javier Moran Aramoni, hace una evaluación de lo que deja pendiente el alcalde Fernando Castellanos, quien ya se retiró del cargo. Solicitó licencia temporal que le fue concedida, para buscar un cargo de elección popular. Si pierde, que es lo más seguro, volverá a la alcaldía para esperar un incierto destino.
Este regidor dice que entre los graves pendientes que deja Castellanos, destacan tres: Proactiva, Smapa y el desastroso estado en que se encuentran las calles de la ciudad. No dice nada nuevo el señor porque lo que menciona, es de sobra conocido por los tuxtlecos.
Durante varios días las calles de Tuxtla Gutiérrez estuvieron inundadas de basura pestilente, porque la empresa responsable rehusó realizar el servicio de recolección, por diferencias con el alcalde de tipo económico. Hasta que hubo arreglo Proactiva o Veolia volvió a la recolección de la basura, pero esto marcó un nauseabundo precedente que esperamos no se vuelva a repetir.
Tenemos que puntualizar que Proactiva o Veolia es dueña del ventajoso contrato leonino que rige sus relaciones con el Ayuntamiento en lo que toca a la recolección de cientos de toneladas de basura que diariamente produce Tuxtla. Tratar de rescindir este contrato significaría una penalización de muchos millones de pesos que el ayuntamiento se vería imposibilitado de liquidar. Fue el aventurero alcalde Samuel Toledo Córdova el que firmó el contrato leonino con toda la mala fe del mundo y donde de seguro imperó la corrupción.
En lo que corresponde a SMAPA es otro problema de grandes repercusiones, de difícil solución por su alto monto económico, aquí fue el alcalde de 18 meses Yasir Vázquez Hernández, quien dejó en bancarrota al sistema con un quebranto de 580 millones de pesos. Aquí Fernando Castellanos debió haber enjuiciado al corrupto alcalde, pero lo dejó por la paz, para que ahora él pague los platos rotos. Lo más penoso es que privó del servicio regular de agua potable a multitud de colonias proletarias que ahora reciben el agua racionada.
En cuanto al destrozo de las calles es consecuencia de la demagogia y de la mentira, ofreció reparar una calle por día para que todo resultara un fiasco, fue un ayuntamiento sin obra pública y si la hay es ratonera, nada más para taparle el ojo al macho.
Lo que aquí destaca es la desvergüenza de Fernando Castellanos de pretender otro cargo político después de su infame desempeño municipal. El pueblo no olvida, tiene memoria y no es fácil que quiera votar nuevamente por quien defraudó su confianza de manera tan cínica y veleidosa, con ribetes muy pronunciados de corrupción.
Seguramente va tras el fuero de que goza un diputado federal porque ninguno de los candidatos que compiten por la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, dejara de obligarlo a rendir cuentas.