El Gobierno del Estado habla de la reconstrucción y la pinta como un hecho que avanza en favor de la gente para hacerla feliz, en tanto esta gente llora y se angustia al comprobar que no tiene nada y sigue a la intemperie o viviendo con su familia, en casa del generoso vecino o de otro familiar, amontonados en una morada pobre que los aloja en un rincón o donde haya un lugarcito para dormir en el frío suelo. La gente humilde se acomoda como puede y donde sea.

¿Por qué la gente llora si la reconstrucción avanza en la rehabilitación y en la construcción de sus viviendas nuevas? Tanto que todos los días el gobernador y colaboradores están al tanto supervisando los trabajos de reconstrucción y festinando que los pueblos se levantan de sus escombros después del azaroso sismo del 7 de septiembre. Chiapas sigue de pie, expresan como cantilena desentonada. Más bien está de rodillas sobre las ruinas de lo que fue la vivienda de la familia.

Se realizan sí trabajos de reconstrucción en sitios determinados como en Villaflores, pero no al ritmo que se pregona y menos con los resultados de felicidad que se comentan oficialmente. Son trabajos rutinarios carcomidos por la demanda popular.

Quien habla del éxito de la reconstrucción es el gobierno, pero no el pueblo porque este sigue esperando y cuando más o menos cree tener algún dinero para reconstruir, resulta que la tarjeta otorgada carece de fondos y al reclamar tal infamia que le produce pérdida de tiempo, se enfrenta al ritmo del trabajo de la burocracia empedernida, escudada tras un escritorio donde masca chicle, fuma o come chucherías. Jamás estos burócratas sienten el dolor de los pobres.

La reconstrucción, tanto de viviendas como de escuelas, tiene tanta importancia lo uno con lo otro a grado tal que los padres de familia hastiados de abulia y engaños tomaron recientemente como medio de presión los puentes internacionales de Suchiate y Talismán, reclamando la construcción o rehabilitación donde estudian sus hijos y trazan la vivencia educativa de esos niños cuando estudian bajo los árboles o en inmuebles cuarteados a punto el derrumbe. Sin embargo, la rehabilitación y reconstrucción marchan a las mil maravillas según el gobierno.

Son miles de millones de pesos los asignados a Chiapas para estos trabajos cuyos resultados no se ven con la certeza que se quisiera, se comprende que se labora por distintos rumbos pero no hay que olvidar que el que mucho abarca poco aprieta ¿A quiénes se le han asignado estos trabajos? es un misterio y cuando se le pregunta a algún funcionario se molesta y rehúye responder.

Para el gobierno el sismo le trajo alegría y felicidad pura, ya que así encontró el pretexto idóneo para relegar otras responsabilidades, al grado que el gobernador Velasco Coello debió rendir su quinto informe de gobierno el 8 de diciembre y hasta ahora no lo ha hecho.

Es fácil advertir esta tragedia de las familias que se quedaron sin vivienda y los niños sin escuela, hay pobres que no pudieron censarse a tiempo y por este hecho los excluyeron del registro para que se rasquen con sus propias uñas. Es gente que llora un llanto amargo que se confunde y se diluye con los estridentes gritos oficiales de que la reconstrucción avanza hacia la felicidad.