Los empresarios esos que AMLO califica como la minoría rapaz y que se parapetan en el Consejo Mexicano de Negocios que antes era Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, se defienden para decir que son los adalides de la patria y que 9 de cada diez empleos que se crean en el país es gracias a ellos.
Entre lo que dijeron hay mentiras bárbaras que propiciaron el desmentido que les hizo la Alampyne (Asociación Latinoamericana de Micros, Pequeños y Medianos Empresarios) al afirmar que las cúpulas empresariales el país no los representan como han afirmado.
La Asociación que en la región agrupa a cuatro millones de micros y pequeñas empresas, precisó que de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) representa el 97 por ciento de la planta productiva o sea que genera el 70 por ciento de los puestos laborales lo que se traduce en 7 de cada diez empleos contrario al dato que ofrecieron los dos organismos cúpula empresariales, CCE y CMN.
Desde luego que no todos los empresarios son hermanas de la caridad, muchos son egocéntricos y faltos de generosidad con sus trabajadores, incluso son presumidos y discriminadores porque arrastran enormes riquezas que no siempre son bien habidas. Está el caso de Roberto Hernández dueño de Banamex que al venderlo, gozó de una exención de impuestos de parte del presidente Ernesto Zedillo por 10 mil millones de pesos. Del otro hombre de negocios Claudio X. González mejor ni hablar, la opinión pública lo conoce de sobra como hechura que es de Carlos Salinas de Gortari que consagró a los hombres más ricos del país y del mundo. Es la minoría rapaz de la que ha hecho mención López Obrador y que en cada sexenio se aparecen con las fauces abiertas para deglutir y devorar todo lo que encuentren al paso, hasta el hartazgo.
Hay empresarios ejemplares, nacionalistas y patriotas, a los que reconoce y respeta AMLO y que también están a favor el cambio. Con ellos no hay ni pleitos ni rencillas, tampoco con los otros pero no pueden quedar sin respuesta sus acciones como eso de pretender presionar al mismo presidente de la República para que el candidato el PRI, decline en favor del fútil Ricardo Anaya. Allí se descubre cual es la dimensión de la rapacidad.
Alejandro Salcedo, presidente de la Alampyne, insiste en la creación de un plan nacional de desarrollo económico y un modelo de política industrial “porque el que quieren grandes hombres de negocios busca quitar y poner a políticos y servidores públicos a modo para beneficio de solo cien familias”.
Este tipo de empresarios, los rapaces que están por todos lados sin que lideren grandes concentraciones, han luchado siempre en favor de sus intereses facciosos y nada les interesa el bienestar de la población porque han aprendido a vivir con el acrecentamiento de sus riquezas sin conmoverse de la pobreza que padecen más de 50 millones de mexicanos. Imposible que en ellos haga mella la sabiduría del poeta: nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto.
Son hombres que atentos a la política, pretenden que llegue al poder quien les va a dar más de lo que tienen aun cuando sea a costa de seguir engrosando a los millones de pobres que para ellos no existen porque son parias marcados por su propio destino. Lo que olvidan es que el pueblo ya decide con autoridad y energía.