Nueve indígenas de la sociedad civil “Las Abejas” fueron detenidos y encarcelados arbitrariamente por el agente municipal de la comunidad “Río Jordán” de Chenalhó.
Son ocho indígenas que fueron a gestionar la libertad de un compañero suyo, José Vázquez Etzin, pero no lograron nada, al contrario, ellos también quedaron presos por órdenes del agente municipal. Ahora para ponerlos en libertad exigen una multa de cinco mil pesos por cada uno de los nueve encarcelados, de lo contrario, permanecerán en prisión.
“Las Abejas” señalan a la presidenta municipal, Rosa Pérez Pérez, como la responsable de estas ilegalidades cometidas a través de sus seguidores que proceden como si Chenalhó fuera propiedad suya.
Se trata de violaciones notorias no solo a la ley, sino también a los derechos humanos y no se ve la acción de las autoridades estatales para poner fin a estos desmanes. Las garantías constitucionales son letra muerta en Chenalhó, porque así lo quiere y lo permite el gobierno.
La alcaldesa Rosa Pérez fue echada del cargo a los tres meses de ejercerlo y lo mismo sucedió con la presidenta municipal de Oxchuc, María Gloria Sánchez Gómez. Ambas mujeres ocurrieron al Tribunal Federal Electoral y esta instancia ordenó al gobierno el estado restituirlas en su cargo, por haber sido legalmente electas. El gobierno no pudo llevar a cabo la restitución porque las autoridades de facto que tomaron el poder se resistieron a entregarlo y le apostaron al olvido con diálogos tortuosos que no hacían más que aplazar el problema.
Cansada de tantos engaños, Rosa Pérez, que es mujer de armas tomar, al frente de mil partidarios penetró a Chenalhó y rescató el poder, lo hizo de manera sorpresiva y resultó fácil echar a los usurpadores ante el azoro del mismo gobernador y de otras autoridades. Lo que no pudo hacer el gobierno, ella lo hizo con decisión y valentía de mujer.
Más lo cierto es que tanto en Oxchuc y Chenalhó la desestabilización se mantiene como un polvorín. Rosa Pérez es tan audaz que fue la que provocó el conflicto de Chalchihuitán y sus seis mil desplazados. Lo dijo, lo gritó a los cuatro vientos que si el fallo del Tribunal Agrario no favorecía a Chenalhó, ella y sus seguidores tomarían las tierras por la fuerza. El tribunal falló en favor de Chenalhó quedando latente el problema.
Ahora viene el encarcelamiento arbitrario de los miembros integrantes de la Asociación Civil “Las Abejas”, que es un grupo pacífico que siempre busca resolver cualquier problema por los cauces de la ley. Es un organismo conocido y respetado internacionalmente porque a él pertenecían los 45 indígenas asesinados brutalmente en Acteal y han recorrido el mundo en demanda de justicia.
El gobierno de Velasco está frente a un pueblo sin ley, los infractores gritan que los nueve hombres retenidos tendrán que pagar cinco mil pesos cada uno, salvo que prefieran pudrirse en la inhumana y antihigiénica ergástula, donde ahora están encerrados.
Así como en ese lugar son numerosos aquellos donde el Estado de derecho brilla por su ausencia o lo que es lo mismo, no hay justicia. Un pueblo sin justicia, atrapado por la ley del más fuerte, es un pueblo sin esperanza que soporta el paso del tiempo y ve vivir y morir a sus generaciones sin que se haya aprovechado nada de su inteligencia innata, por efectos de la corrupción y de la incapacidad.
A “Las Abejas” hay que hacerles justicia por la consideración que les guarda el mundo; que grave sería que los defensores de los derechos humanos de los indígenas conocieran lo que ahora están viviendo y sufriendo en Chiapas, su tierra natal sin esperanza.