Agencias/Ultimátum
CDMX
Genoveva es la primera en salir a trabajar, a las ocho de la mañana, y la primera en echarse a descansar, a las nueve de la noche. Genoveva es la lideresa de un rebaño de cabras, donde también trabaja Vicente, el carnero con una sola oreja.
El ejército de Genoveva ha limpiado en tres meses 12 toneladas de vegetación en media hectárea de Santa Maria da Feira, un municipio portugués siempre en alerta por la plaga incendiaria que año sí, año también asuela al país. El empleo de cabras zapadoras es uno de los recursos que se plantean para la limpieza de los montes y, por tanto, para la prevención de fuegos. El Ayuntamiento es muy inquieto y lo mismo organiza para los mayores campeonatos de walking-football (correr es falta) que ofrecen terrenos para estudiar la prevención de incendios con el uso de cabras.
Genoveva y Vicente son propiedad de Ana Catarina Fontes, la ingeniera zootécnica que ha supervisado la viabilidad del proyecto de las cabras zapadoras. “Los resultados son muy positivos, porque limpiaron un terreno salvaje, donde la vegetación medía hasta metro y medio de altura. Comenzamos con 26 animales, pero en los tres meses nos nacieron 14 más que también colaboraron en los trabajos”.
El empleo de cabras para la limpieza forestal no es novedad ni en Portugal ni en otros países, pero sí que ha ido al menos con la despoblación del mundo rural y de ganadería y agricultura. Ahora, proyectos como el de Fontes intentan sistematizar los trabajos y aportar análisis estadísticos.