El proceso electoral que se vive en Chiapas es hasta ahora confuso e incierto y los ciudadanos al ver tantos bandazos y sofismas en las explicaciones, de plano han puesto de manifiesto la desconfianza que les merece el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana a cargo el señor Oswaldo Chacón Rojas ¿Por qué esa desconfianza?
No solo por los tumbos y bandazos que se han dado al interior del Instituto sino por el persistente rumor de que los consejeros se han familiarizado con diferentes partidos, sobre todo con el PRI, para que acarreen cuánta agua quieran a su molino o sea que la división se ha hecho presente en el organismo, por la falta de autoridad moral de quien lo dirige que procede más como bufón que como jefe.
Bien se sabe en el Instituto que hay un grupo de “mapaches” que se desplazan en Chiapas, comandado por el tristemente célebre mercenario Amador Rodríguez Lozano que no hay duda que va a actuar con las truculencias de siempre, compra de votos y acarreo de gente para alterar la legalidad de la elección y no hay quien para frenarlo lo que hace sospechar que la “mapachería” ha penetrado al propio IEPC, con la anuencia de algún funcionario con facultades para permitirlo. Si al final de la elección se descubre algún fraude electoral va a aparecer la huella aviesa del “cachanilla” como autor de la infamia.
Todas estas inconsecuencias son suficientes para no confiar en los funcionarios el IEPC, más en el presidente Oswaldo Chacón. que también arrostra otras iniquidades que dan cuenta de su carcomida integridad personal.
Los daños patrimoniales cometidos por Chacón son graves, datan de la época cuando estuvo al frente de la Comisión de Fiscalización Electoral entre 2006 y 2011 siempre al servicio del ex gobernador Pablo Salazar y de su personero Rubén Velázquez, que lo enviaron a España a prepararse en las maniobras de tráfico electoral.
Tal fue el quebranto que cometió en la Comisión de Fiscalización que el Órgano de Fiscalización Superior del Congreso el Estado le fincó responsabilidades, al abrirle una investigación que permanece abierta.
Cuando fue rector de la Universidad Intercultural de Chiapas, la Auditoría Superior de la Federación le registró observaciones por 20 millones de pesos y averiguaciones abiertas en su contra.
Con tales antecedentes, Chacón Rojas no debería estar al frente del IEPC, porque pugna con uno de los requisitos fundamentales del Instituto: la imparcialidad. El actual proceso electoral puede degenerar en la destrucción de la democracia en el estado para seguir viviendo a merced de la imposición y de la burla descarnada a la voluntad del pueblo.
Si el árbitro electoral no garantiza confianza ni imparcialidad, no puede esperarse una elección transparente y limpia de la que no se podrían enorgullecer los chiapanecos. Es necesario que quienes aspiran al gobierno estatal hagan lo que deben hacer para darle limpieza a la elección, con la seguridad de que los ha favorecido el voto del pueblo y no la truculencia de los mapaches y de las trampas oficiales.
A la desconfianza y parcialidad que brotan de los órganos electorales, hay que oponer la vigilancia estricta y la fuerza del voto del pueblo, esa fuerza arrolladora e invencible en la que se funda la democracia.
El Instituto y sus consejeros, más el presidente que todos ellos, pierden su tiempo en minucias y en arteros golpes de corte vengativo, saben que no alcanzarán ningún propósito avieso, solo se atienen al afán de amedrentar cuando suponen que son dignos de ramplona pleitesía, sin contar que el veredicto del pueblo los aniquilará.