Están ahí desde hace una semana, en plantón frente al palacio de gobierno, los indígenas de la comunidad Puebla del municipio de Chenalhó, desplazados desde 2016 por razones postelectorales de las elecciones locales del 2015.
Pobre e infeliz gente que carga niños que debiendo estar en la escuela, acompañan a sus padres en el plantón porque no tienen recursos ni hogar para vivir, porque al ser desplazados les robaron sus pertenencias y los inmuebles fueron confiscados con vergonzosa y palmaria impunidad.
En ese entonces del desplazamiento era secretario general de Gobierno, Eduardo Ramírez Aguilar, y se recuerda muy bien que declaró haber resuelto el problema en armonía y todo volvió a la paz sin mayores problemas. Fue una mentira oficial que ahora tiene el talante de pesado fardo. Los pobres indígenas se quedaron a la deriva, a merced del grupo triunfador en las elecciones que los hizo presas de todas las injusticias, como el corte del agua y de la luz, además de las brutales amenazas hacia su integridad física. Por eso prefirieron huir de aquel cuadro pavoroso de amenazas próximas a cumplirse y se asentaron donde la madre naturaleza les dio un lugar a la intemperie, bajo algún frondoso árbol o dentro de esas cavidades llamadas cuevas. Los pobres de Chiapas, han tenido que ser reducidos a la condición de hombres primitivos. El responsable de esta primera etapa del desplazamiento es el ex secretario y frustrado aspirante al Gobierno del Estado, Eduardo Ramírez Aguilar.
Toca su turno ahora a Juan Carlos Gómez Aranda, el sustituto en el cargo que actúa a imagen y semejanza de Ramírez Aguilar. A Gómez Aranda le reventó el asunto con ese plantón necesario que mantienen desde hace 8 días los desplazados de Chenalhó, pretendiendo que el problema se resuelva por inercia, por cansancio o por aburrimiento. No señor, esto no puede resolverse así porque si así fuera a donde va ir a vivir esa gente cuando su querencia está en el lugar de donde los echaron, donde nacieron y vivieron y es la cuna de sus hijos. Sencillamente no tienen a donde ir.
Usa Gómez Aranda algo con lo que se engaña a sí mismo y a sus superiores, cuando recurre a lo más fácil que emplean los ineptos como es el asistencialismo. Así lo declara el secretario: se les brinda atención alimentaria, educativa, de salud y de resguardo a otros desplazados que están en San Cristóbal, esto mientras “se sigue avanzando en la creación de las condiciones necesarias para su pronto retorno a su comunidad”.
Esto no es suficiente ni resuelve nada. Es un impasse eterno mientras pasa el tiempo para que el que venga atrás que arreé. No hay tal avance en la creación de esas condiciones necesarias para volver, la mentira campea como forma fácil de quitarse de encima a los que con todo derecho demandan justicia.
A los desplazados los acompaña Diego Cadenas Gordillo, director del Centro de Derechos Humanos Kuuntik, quien afirmó que es de elemental justicia la reparación de los daños causados a las casas de los desplazados, aprehensión de los responsables y desarticulación del grupo paramilitar agresor.
Expuso que el lunes a la fecha (sábado 10 de marzo) los representantes de los desplazados han sostenido tres reuniones con funcionarios estatales pero no ha habido respuesta sino “solo toman nota”.
Una actitud así es caótica y contraproducente no conduce a ningún lugar seguro sino al naufragio fatal. Hombres, mujeres y niños ahora en plantón-son 249 indígenas desplazados- son parte de un pueblo que no tiene esperanza porque ha sido engullida por la mentira. No es en la oficina de los funcionarios donde va a resolverse el problema, hay que ir al lugar de los hechos pero ¿Quién va? El que no es inepto es miedoso y elusivo, por esto las soluciones brillan por su ausencia.
El secretario de Gobierno, Gómez Aranda, debe comprender que este es un problema humanitario que ya no puede continuar por la ruta de la demagogia ni del burocratismo oficial. El problema definitivamente tiene solución, pero la ineptitud jamás va a encontrarla.