En un pasaje de la imprescindible obra El arte de la guerra, el afamado militar chino Sun Tzu recomienda alimentar el engaño como una estrategia de distracción, con un doble propósito: Confundir al enemigo y llenarlo de miedo, y por otra parte, alimentar la confianza y el valor de las tropas propias.
Las artes de la guerra y la política en nuestros días se entrelazan. Tal como lo advirtió el general prusiano Clausewitz, la “política es la continuación de la guerra por otros medios”. Y aun ahora, en el siglo del internet y los satélites artificiales, los “generales” se reúnen en un pequeño y privado recinto, llamado emblemáticamente “cuarto de guerra”, tal como lo hacían en la carpa de Alejandro de Macedonia, anclada en el campo de batalla para discutir las acciones por venir
Eso da lugar a un nuevo tipo de “encuestas ad hoc” que son realizadas para hacer creer que van ganando o que tienen márgenes de ventaja mayores a los que realmente tienen, con la finalidad de motivar a sus seguidores, a sus militantes e incluso generar una idea de falsa victoria en sus aliados políticos y económicos. De esa práctica ha nacido un término: fake polls.
En contraste, existen también estudios profesionales que ratifican los alcances de predicción del ánimo social: Encuestas serias con muestras amplias, metodología científica y margen de error reducido. Al final del día, las encuestas son fotografías de un momento de una carrera. Como las contiendas, las encuestas van mutando en el camino. Son cambiantes, diná- micas. Una elección se parece más a una película que a una fotografía en la que ninguna escena nos permite con certeza predecir el final.
Hay también, técnicamente, otras falencias: Cuando un encuestado no ofrece una respuesta sobre a qué o a quién votará, tradicionalmente se lo denomina “indeciso”. Los “indecisos” en márgenes estrechos o en elecciones competidas pueden cambiar con su voto el sentido de una elección.
El elector indeciso en realidad no lo es: Sabe por quién votará, pero no quiere decirlo, por vergüenza o por estrategia. A ese votante oculto o de “clóset” no podemos reconocerlo con claridad hasta que el día de la elección lo haga efectivo. En suma, son muchas las variables que nos permiten, afortunadamente, decir que el voto es insustituible.
Las experiencias recientes nos enseñan que las encuestas distan mucho de ser una “esfera mágica”. El año pasado prácticamente todas ellas daban como ganadora a Hillary Clinton por delante de Donald Trump, pero al final el resultado le favoreció al republicano, contradiciendo todos los pronósticos que se habían generalizado.
En otros casos como los recientes procesos de Democracia Directa, como el Brexit en Gran Bretaña o el Tratado de Paz en Colombia, el contenido de las urnas fue completamente distinto a lo señalado por los pronósticos, para sorpresa de los expertos.
Las encuestas son instrumentos científicos que pueden ser falibles o bien deliberadamente pertenecer a la dinámica de la confrontación política. Como siempre, la verdadera encuesta es el día de la elección y en una campaña, cada minuto cuenta. En la política como en la vida, toman contenido las palabras del inmortal Yogi Berra “esto no se acaba hasta que se acaba”.