ES marcado el desinterés de las autoridades por “blindar” la historia de los mexicanos; rescate y preservación de piezas arqueológicas “les vale un comino”, lamenta reconocido antropólogo chiapaneco

Christian González/Ultimátum
TGZ
El patrimonio cultural y arqueológico no sólo de México, sino de Chiapas, está en un grave riesgo por dos razones: el desinterés de las autoridades y, sobre todo, la ignorancia que existe en torno al tema, lo que además ha provocado que el presupuesto para investigación en la materia, año con año, sea cada vez menor.
Así lo asevera en entrevista exclusiva con Diario Ultimátum, Javier Montes de Paz, antropólogo físico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien cuenta no sólo las carencias con las que trabajan, sino además el cúmulo de veces que han hecho el trabajo que, en realidad, le competería a instancias como la Procuraduría de Justicia o la Fiscalía.
También da su punto de vista en cuanto al peritaje antropológico que se llevaría a efecto en el municipio de Oxchuc, cuyos pobladores (una mayoría) demandan que sus elecciones se celebren a través de los usos y costumbres. Es decir, avala el estudio pero también deja en claro que la autoridad, en este caso el Estado, debe reconocer esa forma de gobernanza porque son pueblos originarios “y en sus venas corre sangre de culturas antiguas como la maya”.

EVIDENCIA DEL DESINTERÉS E IGNORANCIA DE LAS AUTORIDADES

En marzo de 2012, en una cueva ubicada en el municipio de Frontera Comalapa, Chiapas, las instancias judiciales hallaron alrededor de 150 cráneos y otros restos óseos. Sin embargo, el problema fue que su dictamen se hizo “al vapor”, pues revelaron una supuesta “narcofosa”, noticia que le dio vuelta al mundo.
Horas o días después, la versión “dio un giro de 180 grados”, debido a que el dictamen de las autoridades fue erróneo. Para empezar, no eran casi 170 cráneos, como lo aseguraron, y lo más lamentable: no se trataba de personas migrantes centroamericanas y sudamericanas “asesinadas” por la delincuencia organizada, sino de restos de otras culturas antiguas. Aún no se sabe si se trata de Mayas o Zoques, aunque los estudiosos en la materia se inclinan por los primeros.

Al respecto, el entrevistado originario de Pijijiapan, en la costa chiapaneca, recuerda que ese caso confundió a los medios de comunicación, “en la instancia procuradora de justicia como que se dio el amarillismo, a este ‘boom’ que quisieron hacer, y que se les salió de control porque dentro de su ingenuidad, dieron una versión que, lejos de ser verídica, fue una falacia”.
En esa ocasión, recrea, de manera indebida sacaron el material arqueológico prehispánico, “una cueva que, como muchas más de esa región, se acostumbraba a depositar o inhumar a las personas; se aclaró todo, pero también se creyó que escondíamos información, empero acá hacemos investigación seria, somos éticos”.
Está consciente, dice, que en ese entonces “le salvaron el pellejo” a la Procuraduría General de Justicia del Estado, entre otras instancias que se metieron en un problema grave, tras de violentar la ley federal, “que es clara: no se debe levantar material si careces de conocimiento, y menos si es arqueológico”.
Otra de las cuestiones criticables, es que los “expertos” que recogieron los restos no sólo hicieron un mal conteo de los cráneos, sino que dañaron muchos de éstos, “porque los aventaban a un costal, sin el menor cuidado posible (…) Con decirte que ellos contabilizaban dos cráneos cuando era solo uno partido en dos”.
Por un momento, Javier Montes de Paz se levanta y se dirige a una caja, de la cual saca varios cráneos, y explica cómo, por ignorancia, los “ministeriales” dañaron algunos de ellos. “Yo tengo las imágenes que, a lo tonto me dieron, porque no debieron darlas”, refiere.
Sobre los avances en el análisis de los cráneos y otros huesos encontrados en esa ocasión (del periodo Clásico Tardío, es decir hace 900 o mil años), detalla que ya clasificaron a hombres y mujeres, “y una de las características es la deformación craneana intencional, lo que era una costumbre de la época antigua de todos los sitios arqueológicos del mundo”.
Además, aclara que identificaron la etapa de padecimientos de la salud que tenían o tienen, así como los aspectos tafonómicos, “el porqué uno es más negro, o más blanco, o si presentan huellas como si fueran de cortes, una serie de características… también está delimitado el aspecto ceremonial del porqué no presentan dentadura (lo que no se sabe es que si se los quitaban antes o después de ser sacrificados)”.
El responsable del Laboratorio de Osteología del INAH ejemplifica que en Tlatelolco hallaron una urna llena de dientes, lo que “hace presuponer que forman parte de individuos a los que se los extrajeron, y los depositaban como parte de una ofrenda… ¿para quién?, eso aún no lo sabemos”.

PRESUPUESTO ES CADA VEZ MÁS “CHICO”

A pesar de que hay avances significativos, acepta que es la falta de recursos lo que los detiene, pues lo ideal sería viajar a esa cueva de Frontera Comalapa e investigar con mayor detenimiento, “es de lo que por desgracia adolecen las instituciones educativas y de cultura, de lana, no tenemos presupuesto”.
Prueba de ello, detalla, es que hace un lustro le suspendieron los 20 mil pesos anuales que le otorgaban para trabajos de investigación, “lo que solo me servía para comprar papelería… porque yo necesito de un microscopio, ¡Y no lo tengo! Y es gracias a una universidad especializada en ciencias forenses que nos presta esos equipos, y gracias al laboratorio del doctor Noel Valdez, que nos prestó un tomógrafo helicoidal, pudimos procesar las muestras de todos los huesos de Tenam Puente, de Juchavín, de Bonampak y establecer resultados”.
Cada vez más, agrega, a los arqueólogos les brindan menos apoyos, y ejemplifica: “Si antes les daban a 10 gentes especializadas, hoy mucho les dan para tres gentes, y entonces la investigación se achica, y ya no tenemos ese universo de investigación, y por eso estamos lentos”.
No obstante la falta de recursos, aclara que nada los detiene, y prueba de ello es la última investigación presentada en noviembre de 2017 sobre niños sacrificados en Bonampak, cuya publicación está en puerta en una revista especializada; “en la parte legal, me he interesado mucho en que se esclarezcan los casos de homicidios, de desapariciones, y coadyuvo con la Procuraduría, sin cobrarles un peso; es un deber moral”.
Referente al poco recurso que reciben, insiste: “Creo que hay ignorancia y desinterés de la autoridad, no hay más, y eso lo ejercen en cosas que ellos que consideran más importancia. Debería ser al contrario, ‘inyectarle’ más a la educación y cultura”.

FALLAS EN SERVICIOS PERICIALES

Para él, el desinterés hacia el tópico se traduce en un mal accionar en las investigaciones de los servicios periciales, “e insisto, eso lo vimos con esos cráneos, ¿y quién fue el culpable? El perito criminalista, que no supo identificar entre un hueso antiguo y uno moderno”.
Por ello, cree que es necesario formar a las nuevas generaciones de estudiantes con los verdaderos conocimientos, “para que no después vayan a un espacio como ése (en referencia a la cueva de Comalapa) y cometan esos errores tan graves”.
Otra cuestión que se tiene que aclarar: el INAH es el único facultado para actuar en ese tipo de casos, “y si la Procuraduría desconoce esta clase de trabajos que hace el INAH, pues estamos perdidos”, remata.
Precisa que es necesario estar pendientes porque lo más probable es que hallen más cuevas de ese tipo, principalmente en la Sierra Madre y en la Depresión Central de la entidad, “por eso insisto en que nos dejen hacer el trabajo, porque de esas cuevas podemos hallar hasta 20 o más”.

FIN PRIVATIZADOR

Externa que sí están preocupados, sobre todo porque creen que todo lleva el fin de privatizar o vender el patrimonio cultural de la nación, “¡Cuántas iniciativas hemos echado abajo! Desde cuando Mauricio Fernández Garza, senador panista y coleccionista, por cierto, de piezas arqueológicas, quien siempre estuvo empeñado en privatizar la cultura, pero lo frenamos”.
Si se continúa en esta inercia, considera que en poco tiempo “terminaremos desbaratando ese patrimonio, y de hecho cuánta gente ya vemos en busca de piezas con el afán de comercializarlas, pero lo más lamentable es que destruimos nuestras raíces, nuestra historia”.
-Maestro, ¿Están “enterrando” nuestra historia?
-No creo que enterrando, la están sacando y la están haciendo polvo, para que no quede nada.
-Entonces, ¿Son necesarias más políticas públicas en la materia?
-Creo que no, la ley es clara, porque las leyes están bien, el detalle es que no se ponen en práctica. A veces las autoridades que vienen, les vale un comino, vienen por “turistear”, pero no traen ese interés de fortalecer la investigación, y cuando se van, quedan peor las cosas. Por eso entre nosotros hay un desencanto, y vamos a un futuro incierto en cuanto al patrimonio de la nación.

CASO OXCHUC; EL PERITAJE ANTROPOLÓGICO

Hace unas semanas, el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) determinó que se echaría a andar un estudio antropológico en el municipio tsotsil de Oxchuc, ubicado en la región Altos de Chiapas, para determinar si la elección de sus autoridades se efectuaría a través de los usos y costumbres o de las votaciones comunes.
Al respecto, Javier Montes de Paz admite que el problema no es elaborar un análisis de esa índole, sino que las autoridades respeten las formas de gobiernos de esos pueblos originarios, “eso no quiere decir que no los apoye con recursos, porque esas localidades no podrían por sí solas”.
No obstante, cree que sí es necesario hacer el peritaje, “nuestra diversidad cultural es vasta, y por desgracia, por la desatención que ha habido de las propias instituciones de gobierno, llámese como se llamen o sea quien sea, han olvidado que existen estos grupos multiculturales”.
Por ello, afirma que bien vale la pena que alguien los atienda, “al grado tal que muchas veces los discriminamos, porque no queremos respetar sus culturas, costumbres… siempre he dicho que la cultura antigua la heredamos, y hoy en día está vigente, pero la autoridad y muchos grupos de la sociedad no lo ven así porque afectan sus intereses, e ignoran el origen, la historia de nuestras raíces”.
El que a grupos como el de Oxchuc los llamen violentos, admite, no está fuera de lo común, “la Cultura Maya era bélica, eran guerreros (…) Por ahí un estudioso dice que Toniná, un pueblo guerrero, da origen al zapatismo; hablamos de Ocosingo, y no es descabellada esa idea”.
Incluso, refiere que tenemos cuestiones políticas de la época antigua, como los usos y costumbres, entre otras como religiosas, gastronómicas, entre otras, “y así como vienen esas costumbres, vienen esas costumbres del comportamiento… por eso si no hay tolerancia, se irá al caos todo”.
Ejemplifica el caso de San Juan Chamula: “Pero ahí está la rebelión Chamula, hablamos de décadas, y ésta es el preámbulo de lo que significa conocer y aceptar que ellos tienen sus propios orígenes, y si nosotros no los respetamos, ¡Claro que se van a enojar!”
Añade: “Porque el ladino siempre los critica: ‘Es que son unos güevones, unos parásitos’, pero conoce primero su origen y luego júzgalos. Entonces, insisto que tenemos un mosaico cultural enorme, y lo más lamentable es que ya no solo el gobierno, sino los grupos sociales se han dejado manipular por la mala información”.
En ese sentido, aclara que por eso hay razones de la manera en que esos pueblos quieren gobernarse, “pero desgraciadamente el gobierno empieza a infiltrar elementos que provocan el choque, y los casos los vemos con Chamula, Chenalhó, Chalchihuitán, Oxchuc”.
Esto también se debe, acota, a que esos grupos indígenas no han cedido a algunas prebendas que las autoridades tienen, como la venta de la Selva Lacandona o los minerales, “y los que pagan los platos rotos son esas agrupaciones que tiene que responder. Ellos no pelean de a gratis”.
Lo que deja en claro es que el ser humano ejerce los tres aspectos de violencia: la estructural, la cultural y la directa, “y eso nadie nos lo va a quitar. Por genética, por naturalidad, somos violentos, pero si el gobierno aviva más el fuego, la matanza será peor, y por eso en estos casos tienen que entrar los aspectos antropológicos”.
Por ello, recalca, creo que lo mejor es que la autoridad “saque las manos” y deje gobernar a los pueblos originarios, “e insisto, el peritaje antropológico sí les va bien, porque éste les dirá que sí necesitan atención, la merecen, y sobre todo su libertad de expresión, su autonomía”.