Académico de la Universidad Iberoamericana, crea un reporte sobre la biodiversidad en los arrecifes cercanos a los muelles de la Isla de Cozumel; es el primer estudio de este tipo en México

Antonio Cruz/Crónica/Ultimátum
TGZ
Por medio de hidrófonos o micrófonos subacuáticos instalados en el arrecife Paraíso de Cozumel, Quintana Roo, el investigador mexicano Jonathan Vallarta, especialista en acústica, señales y biología, académico de la Universidad Iberoamericana (UIA) y fundador del grupo PAMOS Investigación y Desarrollo, elaboró el primer índice de biodiversidad marina basado en sonidos.
En entrevista exclusiva con Crónica, el doctor Vallarta explicó que este estudio realiza tres aportaciones pioneras: en primer lugar, logró grabaciones inéditas de sonidos de especies submarinas, como es el caso de las vocalizaciones del pez sapo (Sanopussplendidus), que es un animal incluido en la lista roja de especies en peligro de extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Con el estudio acústico de estos animales se puede aprender más sobre cómo se comportan y cómo se les puede salvar.
En segundo lugar, el esfuerzo colectó sonidos que ayudaron a construir el primer Índice Acústico de Biodiversidad o Paisaje de Biodiversidad hecho bajo los mares de México. Para esto se escogió el Arrecife Paraíso por ser un espacio relativamente saludable y con alta variedad de formas de vida.
Por último, el tercer objetivo del estudio, realizado con apoyo del grupo canadiense JASCO AppliedSciences y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), midió el impacto del ruido antropogénico o de actividad humana, en la salud de las especies de fauna que habitan el arrecife.
Los índices acústicos de biodiversidad son grabaciones que también podrían ser descritas como paisajes sonoros en los que se logra identificar la presencia de diferentes animales y sus actividades de cortejo, cacería o marcaje de territorio.
En otros países latinoamericanos como Argentina, Colombia y Costa Rica ya existen esfuerzos por realizar este tipo de índices subacuáticos. Además, en México también hay esfuerzos por realizar registro de los sonidos en ecosistemas, pero terrestres, incluso en las reservas naturales cercanas a la Ciudad de México.
Sonido y ciencia. La colecta de sonidos se realizó con equipos de grabación sumergibles como una grabadora submarina AMAR, que tiene cuatro canales de registro y una computadora sumergible que aplica algoritmos que ayudan a identificar el lugar de origen de los sonidos.
Los hidrófonos que se colocaron estaban muy cerca unos de lo otros y orientados en diferentes direcciones para simular un oído humano que está localizado en un punto fijo.
La colecta de datos se realizó entre julio y septiembre de 2017. Los primeros reportes comenzaron a ser presentados ante diferentes grupos académicos y organizaciones no gubernamentales desde el mes de noviembre del año pasado.
Egresado de la carrera de Ingeniería en Electrónica y Comunicaciones, de la UIA, Jonathan Vallarta también estudió Biología en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y un Doctorado en Acústica Subacuática en la Universidad Heriot-Watt, en Edimburgo, Escocia.
Tras concluir su formación académica, trabajó cinco años con JASCO AppliedSciences, en Halifax, Canadá, elaborando nuevos hidrófonos y algoritmos o conjuntos de operaciones e instrucciones de cómputo para ser usados bajo el agua. Sus desarrollos han servido para la localización y seguimiento de diferentes mamíferos marinos, ballenas y delfines.
La investigación realizada en Cozumel tiene el nombre de “Proyecto Pez Sapo”, y cuenta con los tres objetivos enlistados anteriormente, pero se trata también de la primera pieza de un esfuerzo mucho más ambicioso  que se puede extender a otras zonas de los mares de México en las que hay gran actividad industrial, turística y pesquera, como ocurre en las zonas petroleras del Golfo de México o en las zonas de visitas de cruceros y de pesca en las costas del Océano Pacífico y de la Península de Yucatán.

Llamado de cortejo

Hasta hace unos años se creía que el pez sapo sólo existía en los alrededores de la Isla de Cozumel, en México. Esto significa que se consideraba endémico o nativo de esta región del mundo. Posteriormente se encontraron otros ejemplares en diferentes zonas del mar Caribe, como algunos arrecifes de Belice.
Este animal se diferencia de otros porque es muy vocal y hace diferentes sonidos a lo largo de su proceso de cortejo, durante todo el día.  Esto ocurre de manera más marcada en las épocas de reproducción, alrededor de los meses de junio a septiembre.
Posterior al ritual de apareamiento, el macho se dedica a cuidar los huevecillos y disminuye su actividad vocal.
“Con este estudio logramos conseguir, por primera vez, lo que se llama la fotografía acústica o firma acústica del pez sapo, que es algo que no se conocía y ahora nos servirá para diferenciarlo de otras especies, conocer mejor su presencia y distribución. Esto ayuda para hacer búsquedas de este tipo de peces usando sólo sonidos”, explica a este diario el científico mexicano.
El pez sapo es un animal que hace vocalizaciones que duran sólo un segundo, pero en diferentes frecuencias. La mayoría de sus emisiones sonoras, encontradas por el proyecto Paraíso, se ubica en los 75 Hertz, lo que las coloca dentro del rango audible por el oído humano, que va de los 20 Hertz a los 20 kilohertz. Ésa es su frecuencia fundamental, pero el mismo animal puede emitir sonido cuya frecuencia oscila entre 50 y 300 o 400 hertz.
Otra de las características que hace diferente la vocalización de este animal frente a otros seres vivos en el agua es que, en este caso, se producen “clicks” de una sola frecuencia, en contraste con otros animales que hacen “barridos”, lo que quiere decir que prolongan el sonido a lo largo del tiempo, como ocurre con el “barrido” que emiten las ballenas y que muchos comparan con un canto. Las ballenas tienen un repertorio diferente de sonidos de barridos.
“En el caso del Pez sapo, sus vocalizaciones duran alrededor de un segundo pero su variación se va modificando desde los 50 hasta los 400 hertz… Uno de los problemas que encontramos y que nos preocupa es que al presentarse sonidos de motores u otras actividades humanas, el pez elige dos posibles conductas: o eleva el volumen y frecuencia de su vocalización de apareamiento o deja de emitir sonido, lo cual tiene como efecto que se hace difícil el apareamiento, reproducción y afecta al futuro de la especie”, dice el investigador.