Gran revuelo ha causado el encuentro del obispo de Chilpancingo-Chilapa, Guerrero, Salvador Rangel Mendoza, con integrantes del crimen organizado en esa entidad, para pedirles el cese de tantas matanzas en las que han perdido la vida políticos candidatos a un cargo de elección popular.
El prelado quiere que se imponga la paz y que cese la violencia en ese estado donde se mata a las personas en grupo de seis u ocho, para que luego se imponga la impunidad ya que el actual gobernador Héctor Astudillo, ha revelado una incapacidad para gobernar que hasta parece que fuera cómplice de los criminales. No representa ninguna garantía para los ciudadanos, actúa con indiferencia, ve las matanzas y los hechos violentos como cosas naturales y recurrentes.
Igual que San Francisco de Asís que salió a la montaña a buscar al feroz lobo de Gubia, la enorme bestia que tenía asolados a los habitantes de la región para pedirle que los dejara en paz a lo que accedió la fiera, de la misma manera el obispo Rangel Mendoza fue en busca de los capos para pedirles paz y respeto a la vida de las personas. Al parecer los capos accedieron a la petición, pero esto se sabrá una vez que haya concluido el actual proceso electoral.
No es el obispo Rangel Mendoza el primer alto dignatario de la Iglesia en entrevistarse con delincuentes de alto rango, en su momento lo hizo el representante del Papa en México, Girolamo Prigione, quien en la sede de la nunciatura recibió a los hermanos Arellano Félix sin que se haya conocido a precisión el objeto de esa entrevista. Este obispo si lo ha explicado, fue para abogar por la paz y por la vida de los ciudadanos, ante la impotencia del gobernador Astudillo para cumplir con su deber.
La violencia que vive el país y que en los sexenios de Felipe Calderón y de Peña Nieto ha dejado más de 200 mil muertos, ya no puede seguir manifestándose sin avizorar el fin inmediato. Cuando se haga el recuento de estos acontecimientos con la imparcialidad y frialdad que se requiere, muchas verdades saldrán a flote para que cada quien responda ante la historia de sus culpas.
El vocero de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Benito Cuenca Mayo, puntualizó que en la reunión del obispo Rangel e integrantes del narcotráfico, solo se exhortó a que se pongan de acuerdo las dos partes y si esa estrategia sirve para pacificar al estado y está dando los primeros frutos, pues bienvenida, porque él lo que está promoviendo es el diálogo, nada más. No busca protagonismos ni está imponiendo ni trasgrediendo la ley”.
Podemos aceptar que este obispo en un dictado de conciencia, hace lo que debería hacer el gobernador del estado cuando de salvar la vida ciudadana se trata. En la guerra contra el narcotráfico, herencia siniestra de Felipe Calderón, tal parece que estuviéramos en una corrida de toros cuando el burel se amorcilla ante la impotencia del torero para matarlo. Así está el narcotráfico, imposible de erradicarlo porque ya se amorcilló.
Omar Sotelo, presbítero el Centro Católico Multimedial, explica y justifica la actitud del obispo Rangel: “en comunidades donde prevalece el narcotráfico, se tiene que convivir con ello, hay retenes, gente armada y situaciones controladas. El obispo está haciendo lo que es necesario y si se topa con esta gente es porque él trabaja en tierra de cárteles, vive sinergias con esta gente y de alguna manera tiene que buscar una cierta armonía para poder vivir.”
Se pregunta y se responde: “¿Por qué le hacen caso estas personas al señor obispo? Por la calidad de la autoridad moral, Lo que el gobierno federal y estatal no pueden hacer, el obispo sí. Guerrero es uno de los estados más sangrientos y peligrosos de la República mexicana”.
La Iglesia y la paz marchan en conjunción armoniosa porque ese es su cometido. Nadie les puede reprochar que caminen en favor de la vida, no de la muerte.