Faltan 25 días para que ocurran las elecciones federales en México en lo que toca a la Presidencia de la República y a la renovación del Poder Legislativo y en algunos estados se elegirá a un nuevo gobernador y a integrantes de los ayuntamientos y de los congresos locales.
¿Qué va a pasar el 1 de julio? En un país democrático –México se jacta de serlo—conforme ha transcurrido el proceso electoral no es difícil predecir quien será el triunfador cuando se ha observado el proceso, el estado de ánimo de los electores y la infaltable medición que periódicamente realizan las encuestas profesionales.
Es incuestionable que, esta vez, los mexicanos le han apostado al cambio y sus razones desembocan en un solo frente: ya no quieren que el PRI los siga gobernando como partido en el poder.
Cuando el PRI se ausentó 12 años por haber perdido de manera consecutiva el poder y cedió los bártulos del mando al PAN, hubo cierta nostalgia por esa ausencia, el PAN desilusionó como gobierno al país en los dos sexenios que dizque gobernó y los otros partidos el PRD que había caído en manos falaces, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ya había renunciado a él y el PVEM que nació para vivir como parásito a expensas de otro sin poder tener vida propia, decidieron los mexicanos darle nueva oportunidad al PRI, seguros que en 12 años había reflexionado optando por el cambio y la renovación.
Pero no hubo tal, lejos de cambiar el PRI retornó peor que como se fue para continuar el baño de sangre y violencia que se desató con Felipe Calderón en su fallida guerra contra el narcotráfico y a todo esto se presenta una corrupción de crecimiento exponencial que ha causado al país enormes daños en todos los frentes.
Ante tantos desmanes y desquicios el país ya no puede aguantar más y decide que venga el cambio que le permita afianzar la última esperanza para diezmar la galopante pobreza y la miseria en la que viven tantos pueblos a los que la corrupción ha cancelado cualquier posibilidad de progreso.
Es el pueblo el que ha despertado para marchar unido hacia el cambio y no volverá a dormir hasta que se hayan concretado sus aspiraciones. Es un cambio irrefrenable que ya no lo detiene ni el fraude ni las trampas de otros tiempos.
Faltan 25 días para las elecciones y el candidato puntero va 20 puntos delante de quien va en segundo lugar y 30 del que va en tercero, una ventaja inalcanzable como jamás se había visto y que obedece a la reacción inconfundible del pueblo.
Muchos intereses creados no conciben que vaya a darse ese cambio y unieron fuerzas para detenerlo pero fue imposible, tanto que al entender la imposibilidad de detenerlo se batieron en retirada y optaron por asimilarse a la realidad. Se trata de un sector empresarial que ha vivido de espaldas a la realidad de un pueblo con hambre y sed de justicia.
El candidato puntero es naturalmente Andrés Manuel López Obrador, el líder del cambio que llega en la hora precisa, él buscará la unidad el país, la justicia para los pobres, la igualdad social y jurídica y combatirá a fondo, hasta exterminarla a la corrupción.
Estas son sus cartas de presentación que coinciden a plenitud no solo con los sentimientos del pueblo, sino con los de sus detractores que han entendido que, a estas alturas, ya no tienen más opción que apoyar lo que quieren y respaldan las grandes mayorías mexicanas.