Guichard Romero, director operativo del Zoológico Miguel Álvarez del Toro, adviertió que dos de los principales enemigos son: el plástico utilizado por el ser humano y la misma pobreza.

Christian González/Ultimátum
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Chiapas es un estado rico en materia de biodiversidad. En cuestión de fauna, y de forma específica de vertebrados mayores como peces, anfibios, mamíferos, entre otros, existen alrededor de mil 500 especies registradas, lo que significa casi el 50 por ciento de todas las existentes en México. Sin embargo, alrededor del 70% de la riqueza biológica que se tenía, ya fue perturbada. Además, se calcula que una de cada cuatro especies presenta algún grado de amenaza.
Ese es el diagnóstico que elabora, en entrevista exclusiva con este rotativo, Carlos Alberto Guichard Romero, director operativo del Zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZooMAT), quien advierte que dos de los principales enemigos son, el plástico utilizado por el ser humano y la misma pobreza.
De lo que hay que estar seguros, compara, es que allende del narcotráfico o de las guerras, una de las problemáticas más serias que enfrenta el ser humano tiene que ver con el proceso de degradación del planeta y por inercia la extinción de cientos o miles de animales.
Para él, ha habido una transformación importante de los ecosistemas a nivel mundial, pues se ha perdido una gran cantidad de éstos y se han contaminado otros, “que tienen que ver con las actividades del hombre, y Chiapas no es la excepción”.
Ante ello, destaca las propuestas y esfuerzos que se han hecho de forma local, como las áreas naturales protegidas (ANP’s), o el trabajo de conservación como el que hizo Miguel Álvarez del Toro, o las muestras representativas de los distintos ecosistemas, “los cuales, aun con sus amenazas o perturbaciones, se mantienen estables y, de alguna manera, resguardan a estas especies en su continuidad en el largo plazo”.
No obstante, asevera que fuera de estas ANP’s, los ecosistemas se degradan de forma paulatina, “y aunque no perdamos especies, perdemos números: si hace 150 años que no había perturbación del jaguar, y a lo mejor en Chiapas habitaban alrededor de 10 mil ejemplares, ahora los datos que tenemos es que ya contamos solo con 600 ó 700 en la entidad”.
A pesar de que el panorama parece sombrío, augura que la especie se mantendrá porque tienen protegidas la Selva Lacandona y la Sierra Madre, “es decir que vivirán más tiempo”.
Hace como tres décadas, cuando empezó a trabajar en las cuestiones del medio ambiente, se decía que para el año 2020 estaría extinta la tercera parte de las especies de la entidad, entre otros problemas serios, “fueron predicciones catastróficas que, aunque no se han cumplido en su totalidad, sí ha habido un impacto grande, porque así como hay pérdidas, registramos esfuerzos”, comenta.
Aunque de continuar con la inercia de dañar los recursos naturales, calcula que en 30 ó 40 años sí se haría realidad esa catástrofe, “pero a mí me gusta ser optimista, y tenemos que formar gente, que mejoren las cosas, y es difícil predecir, y lo que sí es una realidad es que enfrentamos un problema serio”.

PLÁSTICO, UNO DE LOS PRINCIPALES ENEMIGOS

Una cuestión más alarmante, acepta, es lo que sucede con el entorno: existe un uso abusivo de materiales contaminantes que desembocan en ríos y mares, “nos estamos inundando en basura, pero un problema serio que resiente el planeta, es el uso del plástico, cuya degradación dilata entre uno y tres siglos”.
De hecho, refiere que si una persona hace el ejercicio de recordar lo que hizo horas o un días antes como parte de la actividad diaria, “tal vez fuiste a la farmacia a comprar un medicamento y te lo dieron en una bolsa de plástico… lo mismo pasa cuando fuiste al mercado; lo que compres, todo está en plástico”.
Tan grave es la situación que, calcula el especialista, un ciudadano al día desecha de tres a cinco cosas elaboradas con ese material, “consumes popotes, el refresco, y hasta el mismo pozol te lo dan en una bolsita”.
La repercusión ha sido significativa, y un ejemplo de ello es lo que sucede con una zona cercana a México donde prácticamente hay una “isla de plástico flotante”, o incluso eso se observa en las mismas cuencas de los ríos Sabinal, Grijalva, entre otros, externó.
“Lo más irónico es que el ser humano es tan irresponsable que la misma agua que contamina es la que consume, sin darse cuenta. Ahí tenemos un problema muy serio, y aunque cambiáramos de forma abrupta, todo lo que ya está acumulado será difícil de detener; ahora imagínate si no empezamos ¡desde ya!: dentro de unos años viviremos dentro de la basura”, alerta.
En la actualidad, compara que es común ver que una ballena sea encontrada muerta con 60 bolsas de plástico en su interior, o una tortuga con un popote atorado en la nariz, u otras con el caparazón deformado, “no hay compromiso con nuestro planeta, y eso es lamentable”.
Sabe que la solución estriba en una toma seria de decisiones y en un compromiso real de la ciudadanía, porque las autoridades, “aunque hagan bien la tarea, están rebasadas. Además no todas hacen bien su labor, entonces es un problema grave el que enfrentamos”.

RECHAZO A ACTIVIDADES EXTRACTIVAS

En cuanto a las leyes elaboradas para el cuidado y la conservación del medio ambiente, como la General de Aguas y la de Biodiversidad, opina que el marco legal que se tiene es bueno, “es bastante avanzado, pero tenemos cosas que mejorar” y por eso es necesario cuidar, en gran medida, la lucha de intereses.
“Se dice mucho, la verdad ahorita son periodos electorales, de jaloneo, y en muchas ocasiones por desgracia se llevan a ese terreno, se desvían, ¿no?, pero creo que tener una normatividad adecuada es saludable”, considera.
De hecho, cuestiona el que en el país, y principalmente en el estado, se permita la minería a cielo abierto, porque no solo para él, sino para muchos, “y está demostrado, esta actividad no es buena, no es compatible con la naturaleza, ni mucho menos que nos digan que hay minería sustentable”.
Detalla que la orografía local es compleja, por lo que si se hace una explotación minera en la Sierra Madre, todo lo que escurra “vendrá hacia abajo. Ahí tenemos toda la región costera, por ejemplo, rica en alimentos y todo eso, y llegará a contaminar las zonas de humedales o de reproducción de especies marinas, de lo que depende nuestra pesca, solo por el afán de beneficiar a unos cuantos”.
Incluso puntualiza que no se deben de permitir aunque representaran una derrama económica de forma local, debido a que para él se trata de un desarrollo mal entendido, “porque agrede de manera increíble nuestro medio ambiente”.
Lejos de externar su postura, reitera que la nación requiere de leyes modernas, pero que estén apegadas a la realidad y que haya una participación ciudadana para su elaboración, “a mí me tocó ser parte de una generación que pensaba que, con decretar una ANP o espacios donde no interviniera el humano, garantizaríamos la permanencia de nuestra biodiversidad, y lo logramos, pero a medias, porque lo que es una realidad es que en todos lados está la gente”.
Por ello, abona para que la ciudadanía participe en los aprovechamientos sustentables, no obstante, refiere que se debe tener cuidado para que no se vaya en detrimento de los recursos naturales, es decir hablar de un balance, y una regulación que trascienda intereses de grandes empresas.
Sin embargo, también está sabedor de que el ser humano es complicado: “No queremos que frente a nuestra casa haya un relleno sanitario, o un aeropuerto, o una planta de tratamientos de aguas negras, pero todos los usamos; digamos que son cuestiones necesarias, y tenemos que ser racionales en eso”.
Si una empresa refresquera hace un uso adecuado del agua, puede disminuir hasta en dos terceras partes el consumo de la misma, “o si utilizarán productos desechables para sus productos, hay que presionarlas para que inviertan en plantas de reciclado o cuestiones que mitiguen ese impacto, y ahí entra el equilibrio entre gobierno, compañías y sociedad, lo que es parte del desarrollo sustentable”, opina.
“Sé que no es fácil encontrar ese equilibrio, por eso estamos como estamos, y esto es en muchas partes del mundo, aunque hay que reconocer que existen sociedades más avanzadas en la materia”, subraya Guichard, quien argumenta que un ejemplo de conservación ha sido el ZooMAT.

RECORTE CONSTANTE A LOS PRESUPUESTOS

Algo que sí critica con fuerza es que a rubros como el medio ambiente por lo regular les apliquen recortes presupuestales, mientras que a otros rubros “menos indispensables” los mantengan igual o incluso les den más.
“Me ha tocado hablar con tomadores de decisiones importantes a nivel nacional, porque tengo que tocar puertas para el zoológico, pero llegamos y nos dicen que hay cosas más prioritarias, como hospitales u otras cosas, y que yo veo por mis animalitos; por eso digo que el medio ambiente se le ha dejado en el último lugar”, lamenta.
Para él, así como se tiene que hacer educación ambiental para los infantes, “así lo tenemos que hacer para los políticos o esos tomadores de decisiones, porque a veces no dimensionan esta cuestión, y no solo critico, porque desde nuestra trinchera también tenemos que buscar soluciones”.
Y a pesar de los problemas económicos del entorno, refiere que el ZooMAT cuenta con lo indispensable, como parte del trabajo que se hace de gestión, de dar un mejor servicio, y que opere de forma digna, “hay quienes critican porque tienen un interés particular, pero si tú lo recorres, te darás cuenta de lo que hemos logrado”.

CAMBIO CLIMÁTICO, VOLCANES Y OTROS FENÓMENOS

Sobre las frecuentes erupciones de volcanes, como el de Hawái o el de Guatemala, o el vuelo de miles de mariposas “púrpura” que se registró en Tuxtla Gutiérrez hace unos días, descarta que se trate de una relación con el proceso que se vive por el cambio climático.
Ante esto, pide a la sociedad no alarmarse, pues con lo que respecta a las erupciones “tienen que ver con cuestiones naturales, hay cientos que están activos en el planeta, y sobre todo en Centroamérica, y en cualquier momento pueden hacer erupción, porque en algún momento tienen que liberar energía”.
Las catástrofes son notorias, especifica, porque la gente vive en las laderas de los mismos o en el cauce de los ríos, “es como si vivieras en medio de una autopista, por lógica te pasará un carro encima; ni siquiera puedes vivir a la orilla de la misma”.
Por ello, insiste en que es una cuestión de irresponsabilidad humana, “pero también entiendo que hay necesidad de habitar en alguna parte, por eso sucede eso, y así se la juegan”.
Basado en estudios, comenta que ese tipo de acciones son normales e incluso después de que suceden, “con esta salida de materiales, algunos peligrosos y otros bondadosos para la tierra, se mejoran muchas cosas, como la productividad, como lo que sucedió con el mismo volcán Chichonal”.
Lo mismo sucede con otros fenómenos como el de las mariposas, aclara que no está relacionado con algún cambio por dichas erupciones, “eso no puede ser, pues se trata de procesos de adaptación de cientos o miles de millones de años, y pasa con insectos, con aves que hacen estas migraciones, y lo hacen de manera masiva, ya sea de forma estacional u ocasional”.
Entonces, recomienda entender que no se trata “de un castigo divino, sino que son procesos naturales que pasan y seguirán pasando, y un claro ejemplo de que así será es lo que se vive con el Popocatépetl, por ejemplo”.
Cuando alguien quita la vegetación, por medio de la tala inmoderada, “ahí sí hay cuestiones de cambio climático, como lo que sucede con los cambios en los periodos de lluvias; mejor dejemos de quemar, de deforestar, de cambiar el uso de suelo de forma agresiva”, acota.

HAY MUCHO POR HACER

Consciente de que “hay cuestiones que están a la vista, y que no las podemos tapar con un dedo y tenemos un ‘foco rojo encendido’”, Carlos Guichard externa que los ciudadanos aún están a tiempo de recapacitar, “y hablo de Chiapas, porque existen lugares de África, de Centroamérica o Sudamérica donde comunidades ya son inhabitables por la contaminación del agua”.
Tuxtla, ejemplifica, es una ciudad viva desde el punto de vista ecológico, “tú puedes ver en la ciudad parvadas de cotorras, ves ranitas, sapos, culebras, lagartijas, insectos, o hasta garzas aun entre la contaminación; por eso insisto en la cultura ambiental, porque sí tiene que ver con eso, porque es estar conscientes del espacio que ocupamos, y esta casa la tenemos que mantener habitable”.
Si no se sale de una etapa de pobreza y subdesarrollo, estima que será casi imposible conservar el medio ambiente, “la gente tiene que tener de qué vivir, pero también hacerse responsable de cuidar su entorno, y el gobierno ser facilitador de los procesos; porque la gente ya no puede vivir de sembrar maicito”.
De lo que está seguro, añade, es que también Chiapas debe de contar con sitios intocables, como las reservas de El Triunfo, El Ocote y del corazón de Montes Azules, “defenderlos a capa y espada para mantener nuestra biodiversidad”.
Asimismo, puntualiza que el ser humano tiene que comprometerse, y no contribuir a la perturbación de los ecosistemas, desde no utilizar contaminantes, o no adquirir especies en peligro de extinción, e incluso sembrar árboles e invitar a otras personas a que hagan lo mismo, “estar conscientes de que si tú compras un mono, estás participando en un crimen, porque por lo regular un monito no se despega de su madre, y la única forma de separarlos es matándola”.
También recomienda no caer en excesos, es decir en el cuidado de los animales, e incluso aprobar leyes que parezcan exageradas, pues para él lo más sano es hacerlo de forma equilibrada, no caer en sobreprotección, porque es delicado.
Al respecto, comenta que solo en la ciudad uno de los problemas es lo relacionado con los animales ferales, “gatos, perros que están sueltos, porque si sumamos la cantidad de excremento que sueltan a diario, lo que provocan a nuestra salud, pues sabemos que es un problema serio, y no podemos llenarnos de ellos, y tiene que haber un control”.
Para ello, acepta que tampoco puede caerse en un situación de martirizarlos, “que no los hagan sufrir de forma innecesaria, sino apegarse a los protocolos establecidos, y tampoco podemos ‘enconcharnos’ a defender a ultranza, por eso hablo del equilibrio”.
Reconoce la labor que hacen las asociaciones o grupos protectores de animales, “porque es de corazón, son muy útiles, porque les preocupa y les duele, pero más que ponernos a pelear, lo mejor es organizarnos y dialogar para buscar alternativas, y lo que te decía, ya no comprar animales, menos si son silvestres”.