Agroquímicos y alternativas sustentables

Amado Ríos Valdez/Ultimátum

¿Sabes de dónde provienen los alimentos que consumes? ¿Estás seguro/segura de que están libres de pesticidas, plaguicidas y otros agroquímicos? ¿Sabes que muchos agroquímicos propician cáncer, deficiencias en el sistema nervioso central e infertilidad, entre otras enfermedades?
Estoy seguro que en el 99% de los casos la respuesta será: No sé. Este desconocimiento de los consumidores de la calidad, origen, ingredientes y posibles agentes contaminantes, es grave. No importa si eres vegano, vegetariano, carnívoro, omnívoro, o la dieta que prefieras seguir, desconocemos en casi su totalidad si lo que consumimos está libre de plaguicidas, herbicidas, fungicidas, insecticidas, fertilizantes químicos, etc. Este desconocimiento no sería grave si muchos de estos productos no fueran tóxicos y dañinos para la salud humana, en muchos casos precursores cancerígenos, y para la fauna del planeta. Solo puedes estar seguro que están libres de agroquímicos si consumes productos orgánicos certificados.
El uso intensivo de agroquímicos en el planeta se disparó exponencialmente a partir de la década de los 50s en el siglo pasado. La llamada revolución verde promovida globalmente por la ONU, la FAO y otras agencias internacionales implicó la tecnificación de la agricultura y la ganadería, La sobre explotación de los suelos, los monocultivos y el uso intensivo de agroquímicos.
Junto al uso de agroquímicos en la producción agropecuaria, se intensificó igualmente el uso de plaguicidas para el control de enfermedades como el DDT para el caso de la malaria.
Si bien los plaguicidas ayudaban a controlar las plagas que disminuían la producción agrícola y ganadera, ayudó a mantener en control y hasta erradicar en muchas regiones del mundo a enfermedades que causaban millones de muertes en el planeta, también se fue conociendo el daño colateral que causaban en la salud humana y de los animales por exposición directa o indirecta a estos productos.
De acuerdo con la Tesis de Doctorado de Héctor Ulises Bernardino, para el Colegio de la Frontera Sur, “Plaguicidas: percepciones de su uso en comunidades rurales de Los Altos de Chiapas”, cada año entre 500 mil y 1 millón de personas se intoxican por plaguicidas en todo el mundo, de las cuales el 70% se debe a exposición ocupacional en ambientes agrícolas. Según la Organización Internacional del trabajo en un reporte de 1996, en la primera mitad de la década de los noventa se produjeron de 2 a 5 millones de envenenamiento por plaguicidas, de los cuales 400 mil fueron mortales.
Según la tesis citada en México “en 1993, inició el registro de los casos de intoxicación aguda por plaguicidas en México, con un total de 1,576 casos. En 1996 se reportaron 7,032 casos y en 2001 se habían cuantificado 4,606 casos anuales en promedio. La Secretaría de Salud (2008) reporta que de la totalidad de los casos de intoxicación por plaguicidas en México en el período 1994 a 2007, Jalisco ocupa el primer lugar con 10,301 casos, el estado de Chiapas ocupa el décimo lugar con 3,046 casos. Las cifras con relación a los casos de intoxicaciones agudas por plaguicidas no reflejan la magnitud real del problema, ya que en las estadísticas es evidente el subregistro, entre otros motivos, por el inadecuado registro que existe en zonas rurales.”
Se han realizado diversos estudios sobre el efecto de los plaguicidas y otros agroquímicos en la salud humana, sin embargo la gran mayoría destacan que propician cáncer, deficiencias en salud reproductiva, diversos problemas neurológicos e incluso afectaciones congénitas.
En Chiapas se usan muchos productos agroquímicos que están prohibidos desde hace por lo menos 30 años en todo el mundo. Hay estudios del uso de agroquímicos en las regiones de Los Altos (tomate, hortalizas y flores), La Frailesca (maíz) y la Costa y El Soconusco (Mango, plátano, café, cacao, entre otros), así como en poblaciones que durante años fueron expuestos al DDT para el control de vectores que provocan enfermedades como la malaria o paludismo, fiebre amarilla o dengue, y más recientemente Zika y el Chinkunguya. Los nombres de los productos son diversos pero la lista incluye: Paraquat, Clorotalonil, DDT, temephos, permetrina, clorpirifos, Malation, Dieldrin, Carbofuran, Furato, Endosulfan, Glifosato, Lindano, Atrazina o Gezaprim, Fósforo de aluminio, entre muchos otros.
Un estudio publicado en la Revista AIDIS de Ingeniería y Ciencias Ambientales (num.2 2014), titulado “Exposición a plaguicidas en niños de la zona platanera del Soconusco, Chiapas” señala que se analizaron niños de 4 comunidades de los municipios de Tapachula, Mazatán y Suchiate, en los que encontraron “Se analizaron 201 muestras de plasma de niños, de 28 compuestos analizados, se determinó exposición para DDE, DDT y lindano. Un hallazgo interesante fue que después de 10 años de que el DDT fue prohibido en México, los niveles detectados revelan que las poblaciones infantiles de la zona platanera del Soconusco están expuestas. El DDE se detectó en 92.6% de las muestras, el DDT y el lindano en 64.7% y 70% respectivamente. La comunidad de Miguel Alemán (Suchiate), presentó los niveles más altos para DDE, DDT y lindano, con valores de 15457 ng/g Lípido, 3213.8 ng/g Lípido y 1596.4 ng/g Lípido respectivamente.”
De acuerdo con el Dr. Andrés Rivas Córdoba, oncólogo, en una reciente gira por Tapachula señaló que “El Soconusco es la región que tiene el primer lugar nacional en cáncer, sobre todo leucemias, linfomas, cáncer cervicouterino y de mama y no dudó en señalar a los agroquímicos, sobre todo al DDT, el Malatión y el benceno como los promotores de estas graves enfermedades.
Lo mismo concluyen los autores del libro Microbiología y parasitología médicas (Jorge Tay et al, 2012) -respecto del uso intensivo de los agroquímicos y sus efectos en la salud- y la Dra. Guadalupe Ponce Vélez del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, Chiapas es el segundo estado de los que más utilizan plaguicidas en el país. Dice la Dra. Ponce en un reporte al CONACYT de 2018: “…los mayores registros de organoclorados en suelo vienen de comunidades de Chiapas, donde se utilizó dicloro difenil tricloroetano (DDT) para el control de la malaria de 1957 al 2000. El famoso DDT fue uno de los primeros organoclorados que se puso a disposición para uso mundial y los que vivimos entre 1950 y la década de 1990 somos generaciones bajo las aspersiones de DDT. Los valores de este químico encontrados en suelos de las comunidades rurales de Chiapas representan una preocupación, pues están hasta ocho mil veces por encima de lo estipulado para suelos agrícolas del resto de México, lo que implica monitorear y tomar medidas eficientes que protejan a las comunidades”.
Sin embargo las alternativas sustentables existen desde hace muchos años y solo falta una intensa labor de capacitación, concientización, organización y por supuesto una gran dosis de voluntad política. Existe el control biológico para la mayoría de las plagas, el manejo de aves, murciélagos y otros agentes controladores de plagas, la composta y el uso de fertilizantes orgánicos, los abonos verdes, los policultivos y la técnica del intercalado de cultivos, la técnica de labranza cero, entre otros.
Chiapas ha sido el primer productor y exportador nacional de café orgánico certificado y compite en el mercado mundial como uno de los de menor calidad. A su vez se ha incrementado la producción orgánica de cacao, miel, mango, piña y plátano orgánicos, que le han reportado a Chiapas ganancias por casi 5 mil millones de pesos (SAGARPA, 2015). Paralelamente también se ha incrementado el consumo responsable. Los consumidores hemos ido adquirido conciencia de la importancia de consumir solo productos sanos y libres de agentes contaminantes. Los consumidores somos, en este aspecto, la mayor fuerza y potencialidad de cambio.

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