Tiene 96 años de edad y es originaria de de Ocozocoautla; desde este lunes es alumna de la Escuela Preparatoria número 2 del Estado, en Tuxtla Gutiérrez

Itzel Grajales/Ultimátum
TGZ
En primera fila, Lupita Palacios García, escucha la exposición de sus compañeros de clase; con el lapicero listo para anotar y el uniforme bien puesto, a sus 96 años de edad, es la primera vez que asiste a una escuela preparatoria.
Hace apenas cuatro años no sabía ni leer ni escribir, sólo hacer cuentas, porque toda la vida se dedicó al comercio para sostener a sus siete hijos, a los que les dio “estudios” hasta donde pudo.
Es la hora del receso; los jóvenes platican, juegan y repasan las clases, mientras ella atiende a un grupo de periodistas que han llegado a conocer su historia.
Sonriente, responde a todo el que se acerca; se dice contenta por vivir esta experiencia, porque desde niña quiso ser maestra, pero en ese entonces no hubo condiciones para inscribirse ni en la primaria.
“¡A todo dar!”, exclama cuando le preguntan cómo se siente por haber desafiado los pronósticos, por demostrar que es una mujer excepcional.
A las 7:30 horas de este 16 de abril, Guadalupe, originaria del municipio de Ocozocoautla, cruzó el portón de la Escuela Preparatoria número 2 del Estado, ubicada en el Norte-Poniente de la capital de Chiapas.
Minutos después participó en el homenaje a la Bandera, como alumna ejemplar; formada junto al director del plantel, Manuel Roque Rodríguez, cantó el Himno Nacional, saludó a la bandera y leyó un pequeño texto.
En el transcurso del día recibió clases de Inglés, y en la materia de Taller de Redacción participó en una exposición sobre el género literario de Ciencia Ficción; sin titubeos se paró frente al grupo y cumplió con su parte en el equipo donde, por cierto, estaba su nieta.
¡Qué alboroto provocó doña Lupita! A través de las ventanas del salón, los estudiantes se asomaban para ver a la singular alumna de cabeza blanca que —cual adolescente— tiró al suelo su mochila para estar más cómoda en el mesabanco.
“Mi sueño es seguir estudiando, ese es mi deseo, porque una vez que aprendí a leer se me abrió el mundo, ya veo todo con otros ojos, puedo entender mejor las cosas”, comenta antes de reanudar la clase.
Enrique Vázquez Palacios, uno de sus hijos, explica que el objetivo de su madre cuando se inscribió al Instituto Chiapaneco para Jóvenes y Adultos (Icheja) era concluir la primaria, pero el amor por aprender creció, y logró terminar la secundaria.
Ahora le gustaría seguir con “la prepa” pero el Icheja no cuenta con un programa para que las personas de la tercera edad puedan recibir la educación media superior.
Es por eso que la asistencia de Lupita a la Preparatoria número 2 del Estado es simbólica: se convirtió en alumna por un día, pero si de ella dependiera, asistiría diariamente, hasta culminar el semestre.
—¿Le gustaría estudiar una carrera? —Le pregunta un reportero.
—¡Claro que me gustaría!, pero ya no, porque a mi edad, en qué le puedo servir a la sociedad —Responde sin perder la sonrisa.
Pero la tenacidad de doña Lupita sirve y mucho. Los estudiantes de este centro educativo coinciden en que su presencia los motiva a estudiar con más ahínco y responsabilidad.
“Es un gran ejemplo para nosotros, nos motiva, porque si ella a su edad lo está intentando, no hay obstáculos para que nosotros alcancemos nuestras metas; ¡qué bueno es verla en nuestra escuela!”, suelta uno de sus compañeros.
Para el director de la institución, Manuel Roque, es un privilegio que Lupita sea alumna de la “Prepa 2”, porque su asistencia ha conmovido a la comunidad estudiantil, en un hecho que es histórico, porque se trata de la alumna más longeva del país.
Suena la chicharra. Doña Lupita deja a un lado las cámaras y los micrófonos.
Suena otra vez. “Nos vemos luego”, dice en voz baja, porque el receso ha terminado.