Las universidades públicas de educación superior del país enfrentan graves conflictos a saber porque están secuestradas por un régimen autónomo, autoritario y de facto que impide su ejercicio normal. Son magros los avances que ha habido en la educación que reciben los jóvenes mexicanos.
La educación superior en México se inicia en la época de la Colonia. El objetivo fue, siempre, el desarrollo del estudio a través de la ciencia, la investigación y la cultura, pues un territorio sin educación está condenado a la esclavitud o a la marginación total. Es decir, ya había una visión clara y axiomática que, lamentablemente, al paso del tiempo se extravió en absurdos, violencia, abusos, complicidades y caprichos políticos.
No se entiende un país sin poder cultural y con aportes de la ciencia y la tecnología. El triunfo de la República, que costó mucha sangre y llanto, suponía un punto de partida para construir un México grandioso, igualitario, democrático, culto y próspero, en el que el maestro y las escuelas son el eje fundamental.
El Artículo Tercero Constitucional se promulgó como una garantía social en aras del progreso. Entonces se incorporaron a un gran proyecto nacional hombres y mujeres ilustres, de probada sapiencia y convicción, que se entregaron en cuerpo y alma a México a través de la educación.
Jaime Torres Bodet, Justo Sierra Méndez, la maestra Brígida Alfaro y, desde luego José Vasconcelos, son parte trascendente de la obra educativa de este país. ¿Qué pasaría si vivieran? ¿Acaso no se avergonzarían al ver que, por lo que tanto lucharon, se perdió en burocracias, cooptaciones y maridajes porque hoy los maestros ya no son como ellos y en las universidades casi se sepultó la mística de la conciencia por servir?
Desde que Cristo instruyó a sus apóstoles a divulgar el Evangelio, se entiende que el magisterio es agente de cambio y transformación, de equidad social. Muchos agravios y ultrajes se han cometido en nombre de la libertad y ahora mismo lo vemos.
La escuela normal Isidro Burgos es el más crudo y reprobable ejemplo de cómo las instituciones que deben instruir y formar de pronto se convirtieron en campos de batalla, en terrenos minados, porque han sido controladas por gavillas de bandoleros que, muy alejados del noble deber del maestro y del educando, usan y abusan al amparo de la autonomía.
En Chiapas, la Universidad Intercultural de Chiapas, llamada UNICH, ha sido rehén desde hace tiempo de dos tribus que se disputan el control del poder. En la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, UNICACH, un grupo de sindicalistas dice defender sus derechos pero en esa abusiva proclama atentan contra el derecho sagrado que tienen los jóvenes de recibir educación.
La semana pasada la fuerza pública tuvo que intervenir y restablecer el orden en la UNICH a petición de las autoridades universitarias y del grueso de académicos que no han podido trabajar normalmente porque un puñado de pandilleros se los impide tomando la escuela, amenazando, chantajeando, amedrentando y fomentando la violencia.
¿Qué necesidad?
México es el tercer país dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con mayor número de jóvenes que no estudian ni trabajan, superado sólo por Turquía e Israel, según investigaciones. Son 7 millones 248 mil 400 los mexicanos en esta situación.
Las mujeres en nuestro país son quienes más alimentan esa estadística, pues tienen tres veces más posibilidades de estar dentro de ese grupo. Si a todo eso le agregamos otro cáncer llamado CNTE, la situación se vuelve dramática porque al germinar esta agrupación, la educación sufrió un bestial revés y la libertad se volvió libertinaje.
En día el pretexto de la lucha es la Reforma Educativa que impulsó el gobierno de Enrique Peña Nieto y aprobó el Constituyente. Tal Reforma, que no es punitiva, da un golpe letal a la rapiña sindical pues la hegemonía de la educación vuelve al Estado. Entonces las tribus magisteriales pierden privilegios y se someten a la legalidad.
Es un escenario tremebundo. El único consuelo que nos queda es que todavía hay buenos maestros en las aulas porque la Universidad es el mayor ente que el hombre ha creado para el desarrollo cognitivo.