Nació el 1 de septiembre de 1941 en la finca “Guadalupe” del ejido Úrsulo Galván, fue el sexto de 11 hermanos que procrearon sus padres Mariano Samayoa Gómez y Alberta Nucamendi Sarmiento

Christian González/Ultimátum
Villaflores
Por más de cinco décadas, David Samayoa Nucamendi sembró la semilla de la palabra de Dios en cientos de almas yermas. Recorrió, con el Evangelio en mano, varios municipios de Chiapas y Oaxaca, pero hoy descansa donde, un día, “nació de nuevo” al aceptar a Jesucristo como su único salvador: el ejido Úrsulo Galván, de este municipio de la región Frailesca.
Entre lágrimas, gozo, alabanzas y flores, el pastor fue despedido por sus hijos, nietos, entre otros familiares, amigos, vecinos, hermanos en fe e incluso personajes de la vida académica y política capitalina. Una vida intachable, así se resumió su historia.
Luego de ser velado el pasado domingo en una funeraria al oriente de Tuxtla Gutiérrez, el cortejo fúnebre partió ayer a temprana hora con rumbo a Úrsulo Galván. Allí, a don David, reconocido por su calidad como ser humano y guía espiritual, lo llevaron primero al templo que “vio sus primeros pasos” en la vida cristiana, la del Nazareno, en donde lo recibieron con cánticos y aplausos, para luego celebrar una predicación, escuchar los himnos evangélicos y, además, una breve semblanza de su carrera hacia la salvación celestial.
Aunque don David, quien nació el 1 de septiembre de 1941 en la finca “Guadalupe” de esta localidad y fue el sexto de 11 hermanos que procrearon sus padres Mariano Samayoa Gómez y Alberta Nucamendi Sarmiento, inclinó su vida a pastorear ganado y caballos, años después (1947) prefirió cultivar esperanza con su única y mejor “arma”: la Biblia.

HOMBRE DE FE

Durante su prédica, Rodrigo Morales, pastor de la primera iglesia del Nazareno en la ciudad tuxtleca, reconoció la labor de David Samayoa, “es una bendición poder entregar en las manos de Dios, a un siervo y un soldado de Él… gastó su vida al ministerio, y una vida entregada de esa manera, es una vida bien aprovechada, que se puede terminar con satisfacción”.
Tras de parafrasear al apóstol Pablo sobre cómo se debe vivir en el cristianismo, dijo: “El pastor David y su hermano me instruyeron desde pequeño en el camino del Señor… y por eso digo que este varón (David Samayoa) modelaba perfectamente el carácter de nuestro señor Jesucristo. Todos podemos dar testimonio de su humildad, de su amor y entrega al Señor”.
Ahora “nuestro hermano”, agregó, pasó a recibir la corona de honra y de gloria en el Todopoderoso, “quienes entramos a este ministerio pastoral no lo hicimos con la idea de tener ganancias deshonestas… y yo vi a muchos pastores, entre ellos a David, desfilar en la iglesia de Buenavista con muchas carencias, muchas necesidades, pero lo hacían con amor, y entregaron la vida por el Señor, y hoy nuestro Padre vino por él”.
Hoy, concluyó, está más unido que nunca a Jesucristo, “este varón siempre fue muy institucional, siempre estuvo al servicio y al ministerio de la Iglesia del Nazareno, nunca escuchamos nada malo, y por ello nuestros hermanos en fe y de otras congregaciones están presentes, porque saben el aporte y ese legado que deja de cómo se le debe servir al Señor”.
Por su lado, Eliel Martínez Bautista, servidor de la iglesia del Nazareno, recordó –con la voz casi quebrada- que con el pastor David “tuve la fortuna de formar mi niñez, él fue uno de los que empezó a sembrar la palabra en mi vida, con mis papás fueron muy amigos. Le guardo respeto y admiración… sentimos mucho la partida, pero sabemos que Dios tiene algo especial para él”.
Rememoró que no solo con él, sino con sus hijos, pasaron muchas anécdotas felices, “y hoy aquí estamos, nos alegramos mucho por el triunfo de haber dado este paso; fue un hombre entregado a Dios, toda una vida; es una dinastía de los Samayoa que empieza a llevar la Palabra a Úrsulo Galván”.
Mavi Yolanda Arce, su esposa, y ocho hijos (sobreviven siete), entre ellos el director de Diario Ultimátum, Amet Samayoa Arce, hoy le dan el último adiós a su padre, amigo, maestro y sobre todo: su pastor.
“Nuestro corazón llora, pero estamos gozosos de que ya está con el Todopoderoso”, externó uno de sus hermanos y discípulos. “¡Alcancé salvación, alcancé, alcancé salvación!”, cantaban tres creyentes al unísono, quienes de forma sincronizada rasgaban las cuerdas de sus guitarras acústicas.

De nueva cuenta, las cientos de personas que acompañaron al pastor David hicieron una parada en donde vivió casi toda su vida; por algunos minutos, los familiares más cercanos se despidieron de una forma más privada, para después partir hacia el camposanto del ejido.
A partir de ahora, los habitantes de Úrsulo Galván ya no verán más la figura del pastor David, pero de seguro recordarán todas sus enseñanzas y, además, el ejemplo de cómo se debe vivir la fe en Cristo.