El terremoto del 7 de septiembre del año pasado dejó secuelas de dolor y de angustia que quienes lo sufrieron no pueden olvidar, porque averió seriamente o de plano destruyó sus viviendas. De estas personas afectadas muchas se fueron a refugiar con familiares y amigos en espera de la ayuda ofrecida para reconstruir sus moradas que nunca llegó.
A todo esto hay un agregado que no tiene razón de ser, sin que se le califique de inhumano. La reciente información de uno de nuestros redactores, da a conocer el hecho de que cerca de 500 policías arribaron al municipio de La Concordia para desalojar a 400 damnificados que participaban en un bloqueo en el ejido El Diamante de Echeverría y que reclaman la entrega de recursos para la reconstrucción de sus viviendas que perdieron tras el violento sismo.
Son los infortunados damnificados como los hay tantos en la entidad que solo buscan la ayuda que se les prometió a raíz del sismo y que a tantos funcionarios hizo venir asegurando que se unían a las tareas de reconstrucción y a la vigilancia de la entrega de recursos a través de una tarjeta previamente diseñada.
Los habitantes de justos reclamos recibieron una rociada de gases lacrimógenos que fueron a dar sobre la humanidad de niñas, niños, mujeres y personas de la tercera edad todos ellos inofensivos que no merecían trato tan agresivo.
Los pobladores calificaron esto como un acto cobarde de parte del gobierno, un abuso de autoridad que los obliga a continuar en pie de lucha porque no tienen donde vivir ya que sus viviendas no resistieron la embestida del trágico sismo y se desplomaron.
Es bueno recordar que tanto el gobierno federal como el estatal, siempre expresaron su determinación de ayudar a los damnificados, el presidente Peña Nieto estuvo varias veces en Chiapas ya fuere en Villaflores, en Tonalá o en Jiquipilas para alentarlos
Es triste lo que ocurrió en Chiapas donde también sufrieron afectaciones los planteles escolares con niños que tuvieron que refugiarse bajo los árboles para recibir clases. De esos planteles aún continúa la reparación pero se antoja tan lenta que no se sabe cuándo concluirá; por la niñez y su educación hay que hacer los sacrificios que procedan.
A todo esto es consecuente preguntar ¿Qué fue de los recursos para la reconstrucción? Muchos metieron la mano y hablaron de su ayuda decidida. El Congreso del Estado, durante la gestión del licenciado Eduardo Ramírez Aguilar, anunció la formación de una comisión para intervenir en la reconstrucción y cooperar en todo lo posible para ayudar a los afectados. Nunca se supo que fue en realidad lo que hizo esa comisión y menos de algún rendimiento de cuentas.
Después de tanto sufrimiento los damnificados tienen derecho a manifestarse para que les brinden la ayuda por tanto tiempo esperada y si la policía les responde con golpes y gases, ellos actuarán con tal estoicismo que su grito de auxilio se va a escuchar allende las fronteras.
No cualquiera entiende estos percances que sufre la gente pobre, porque es a los pobres a los que más pegó el sismo de septiembre. Las protestas y los bloqueos pueden enardecer al gobierno y a los ciudadanos que ninguna culpa tienen de estas acciones recurrentes de gente que sabe que es la única manera que tiene de hacerse escuchar, porque si van a las ventanillas o a las oficinas que tienen el deber de atenderla, corre el riesgo de caer en la arritmia burocrática, lo que es peor.
Los gases lacrimógenos de La Concordia no van a resolver nada, al contrario, incrementarán el encono ciudadano. A los damnificados, por el hecho de serlo, hay que ayudarlos no agredirlos.