Situación que logra percibirse con mayor peligro en el norte, sur y suroeste de la capital chiapaneca

Dagoberto Zambrano / Ultimátum
TGZ
Los restos del cerro Mactumatzá y la meseta de Copoya describen lo que hace miles de años fue un arrecife; es decir, una roca incapaz de sortear en sus alrededores zonas habitables para la población, sin embargo, actualmente el perímetro es custodiado por 20 colonias legalmente reconocidas y por lo menos tres asentamientos irregulares.
En este sentido, el titular de la Coordinación Técnica de Investigación de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural, Froilán Esquinca Cano, mencionó que fue en 1999 cuando se suscitaron los primeros indicios de hundimientos en la zona.
Con la descomposición de determinadas rocas, entre ellas caliza, dolomía y yeso, que al combinarse con minerales solubles en agua, causaron lo que se denomina kárstico fragmentado.
“El kárstico fragmentado son como hojuelas de maíz que están sobrepuestas y que cuando no tienen un sustrato fijo se convierten en suelos muy vulnerables”, explicó el investigador.
Por lo que las inmediaciones al lugar difícilmente algún día podrán ser optimas para los asentamientos poblacionales o para la construcción de carreteras.
“Por ello cualquier asentamiento, como la carretera que va a Suchiapa de Tuxtla Gutiérrez, a cada rato va a tener hundimientos”, resaltó el especialista.
Situación que logra percibirse con mayor peligro en el norte, sur y suroeste de la capital chiapaneca, así como en la colonia El Jobo y el ejido Copoya, según el Atlas de Riesgos expuesto en el portal web de la Secretaría de Protección Civil de Chiapas.
Por otra parte, la poca frecuencia y densidad de lluvias en la entidad durante los últimos años ha abatido el freático de la tierra, con lo que la vulnerabilidad de la porosidad del material geológico ha aumentado, incrementándose con ello los riesgos de hundimiento.
“Si llegas a construir una casa en dichos lugares es posible que la construcción se hunda en algún momento”, advirtió. Pues además de ser zona kárstica, tienen una etapa de alimentación de agua que lo convierten en temas geohidrológicos muy importantes para la capital.
Donde las actuales y futuras políticas de ordenamiento territorial deben permitir organizar el uso, aprovechamiento y ocupación del territorio sobre la base de las potencialidades y limitaciones de la ciudad, teniendo en cuenta primordialmente las necesidades de la población y por supuesto su seguridad.