El autor plantea que Eros sobrepasa el instinto sexual; los cuentos son un retrato de la vida. Mis historias discurren como si conversara con los lectores

Agencias/Ultimátum
CDMX
Es narrador, ensayista, cinéfilo, crítico de arte y académico. Ha publicado una decena de libros cerca de erotismo, cine y arte. Su cuaderno Erótica: La otra orilla del deseo, publicado en 1992, es un volumen de culto que los coleccionistas de temas eróticos cobijan con recelo en sus bibliotecas. El Bosque de la Serpiente (1998), El Rumor del Fuego (2004), El Invierno Apenas Comienza (2005) y Rituales del Deseo (2014) son ediciones muy demandadas por los lectores interesados en el cosmos sugestivo de Eros.
Encontramos en las mesas de novedades de las librerías En un día claro se ve la noche (El Tapiz del Unicornio, 2018), en el que De Luna entrega veintiséis narraciones suscritas en los espacios fogosos de las coordenadas perturbadoras de la avidez carnal: personajes comunes envueltos en relaciones extremas (oscuras, delicadas, arriesgadas, retadoras…) que desafían los ‘postulados de la normalidad’ para ponerlos cara a cara con los deleites de la sensualidad.
“La idea nace de una inquietud que tengo: insistir en que lo erótico es un hecho propio y circunstancial de la vida misma. Nada extraño hay en sus gestos, en su presencia, en su aparición fragosa. El hombre es un animal erótico que sobrepasa lo meramente sexual. Estos cuentos abordan esas florestas inusitadas de Eros y sus secuelas”, comentó para La Razón, Andrés de Luna.
¿Por qué vida y erotismo convergen y, a veces, se repelen? Me atrevo a decir que éste no es un libro propiamente de literatura erótica: los cuentos están tratados como la vida misma en que aparecen improntas de referencias eróticas; pero no son relatos que siguen los patrones de la literatura erótica en un ciento por ciento. Entiendo el erotismo como parte de la vida, pero no lo principal de la vida; la vida está en muchas cosas que de pronto, incluso, inhiben lo erótico. No todo es erotismo. La vida, es verdad, conlleva al deseo y se alimenta de ese impulso.
El lector entra a su universo narrativo y se deja seducir por una ‘prosa cordial’. ¿Cómo lo logra? Narro con total llaneza y claridad: sin aspavientos en el uso de posibles efectos que desorienten al lector. Mis historias discurren como si conversara con los lectores.
El humor juega un papel importante en estos relatos.